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Foto: Especial

Opinión/Samuel Palma

 
| 10 de Octubre de 2017 | 8:17
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RECONSTRUCCIÓN

 

@vsamuelpalma

 

 

Después de la Ciudad de México, Morelos fue la entidad más afectada por los sismos del pasado mes de septiembre de 2017, tanto por el número de personas fallecidas, como por los damnificados por afectaciones de vivienda y cantidad de lesionados; en síntesis, se tiene un reporte sin precedentes en el Estado. El impacto toca las distintas vertientes, pue se escribe como un fenómeno social con graves repercusiones en el ámbito psicológico de los afectados y sus familias, en la población en general, en el aspecto económico y político.

 

Pasada la etapa de la lucha por salvar vidas y de las primeras diligencias preventivas de desalojo para evitar más lesionados o muertes, viene la fase de la reconstrucción; ésta, en medio de la tragedia, es una oportunidad para impactar positivamente la reactivación económica y la regeneración del tejido social, también para acreditar la actuación del gobierno en el esfuerzo de recuperar las condiciones de vida de la sociedad, y con ello generar fortalecimiento y confianza a la vida pública.

 

Cierto, la sociedad civil dio muestras ejemplares y conmovedoras de su capacidad para palear la emergencia; ahora la esfera de la vida pública tiene que dar ejemplo de igual determinación y coraje para estar a la altura de las circunstancias, si lo logra, estaremos viviendo una etapa promisoria para el desarrollo del Estado; en caso contrario veremos deteriorar más la confianza en las instituciones y en la ética de quienes las presiden.

 

La reconstrucción es un momento único para generar confianza, pues a través de labores reconstructivas, de reedificación y de apuntalamiento de instituciones, es como muchos países y regiones han podido salir fortalecidos de grandes tragedias. Los casos más ejemplificativos son los referentes a los trabajos realizados después de las guerras, especialmente posterior a la segunda guerra mundial.

 

De ahí que la reconstrucción que habrá de vivir Morelos tiene ese perfil de gran oportunidad, que no debe ser tirada por la borda. Recientemente se anunció en el diario oficial Tierra y Libertad, la creación del órgano desconcentrado “Unidos por Morelos”, como un organismo con autonomía técnica y de gestión, con el propósito de llevar a cabo las acciones imprescindibles para la construcción de zonas afectadas, mediante la autoconstrucción, la participación ciudadana y la atención prioritaria, vinculando las necesidades de las personas afectadas, con los sectores público, privado y social.

 

El antecedente funesto que dejó la controversia sobre el manejo de despensas para el apoyo de las zonas afectadas, es ejemplo de lo que no se debe hacer. El órgano desconcentrado “Unidos por Morelos”, tendrá que ser ejemplo de transparencia y pulcritud, de eficiencia y honestidad, que evite caer en la deleznable práctica del clientelismo, la corrupción, el favoritismo y el lucro brutal con la necesidad de los afectados y de los indigentes.

 

Distintas expresiones polemizan ya con el nombramiento del coordinador operativo del órgano en cuestión, mal inicio para “Unidos por Morelos”. Es imprescindible que la operación de esta institución despeje, desde ya, toda sospecha de parcialidad, manipulación o de ganancia personal; condición imperativa es que quienes operan al frente del organismo ostenten las mejores credenciales y trayectoria; que la rendición de cuentas sea una de las fortalezas de la institución, y que por fin se pueda acreditar prestigio y capacidad en un organismo público de la entidad.

 

Empezó mal el organismo con la polémica existente sobre el fundamento y razones de la designación de su coordinador operativo; su modelo muestra una autonomía técnica operativa, pero de igual manera una sujeción vertical a la gubernatura del estado que poco lo favorece. Se muestran visos autoritarios que en nada ayudan y que pueden llevar a nuevas disputas frente a una sociedad activa y que ha sabido tomar iniciativas. Las estructuras verticales y la corrupción forman parte de un diálogo nocivo que muestra atisbos en el nuevo organismo.