Las Batallas
El Mar de Cortés alberga el 39% de todos los mamíferos marinos del mundo. Y México quiere atravesarlo con un gasoducto de fracking.
Desde 2024, varios colectivos de activistas han alzado la voz contra el proyecto extractivista que busca construir un gasoducto de gas de fracking desde Texas hasta Puerto Libertad, Sonora. Si no has escuchado de él, aquí el resumen: el gas llegará a México para ser exportado a mercados asiáticos. Las empresas detrás del proyecto son Proyecto Saguaro (Mexico Pacific) y Amigo LNG (Alliance LNG), respaldadas por el gobierno mexicano.
Si este proyecto se lleva a cabo (y está cerca) convertiría al Mar de Cortés en un "corredor de muerte": más tráfico de buques metaneros, más ruido submarino, más emisiones de gases de efecto invernadero, y una presión brutal sobre los ecosistemas y las comunidades humanas de toda la zona. Vale la pena recordar que el Mar de Cortés es llamado "el acuario del mundo": es hogar del 85% de los mamíferos marinos mexicanos y del 39% de todos los mamíferos marinos del planeta.
Y, viendo ese paraíso, los humanos prefieren construir un gasoducto.
Ante esta problemática, grupos de activistas climáticos mexicanos llevan meses realizando acciones para dar a conocer este proyecto al mundo. Estos humanos no hablan solo por ellos, sino por todos los más-que-humanos que habitan el Mar de Cortés. A veces, como no los escuchamos hablar, creemos que no sufren o que no importan. Pero los necesitamos mucho más de lo que ellos nos necesitan a nosotros.
Entre las tácticas del activismo, hay una que me llena de luz: utilizar animales carismáticos para convocar la empatía humana y sumar más personas a esta lucha por la vida. Dentro de estas estrategias más-que-humanas destaca la que encabeza un grupo de abogadas ambientalistas que están ayudando a las ballenas del Mar de Cortés a defender su hogar, el lugar donde se reproducen. En 2025 lograron algo inaudito en México: que las ballenas fueran reconocidas como sujetas de derecho y se ampararan ante el poder legislativo mexicano. Sí, tal como lo leíste. No se ampararon las abogadas "a favor de las ballenas". No, no. ¡Las ballenas se ampararon!
Amparar a las ballenas es una táctica brillante: es un animal con el que los humanos empatizamos profundamente y que, la mayoría, queremos que sobreviva. Porque si hubieran amparado al plancton… TQMMMM plancton, pero no te conozco tanto como a las ballenas. Esta decisión no fue "cute" ni casual. Fue completamente consciente y cien por ciento política.
Y la historia se pone aún mejor: la semana pasada las ballenas ganaron medidas cautelares para detener el paso de buques metaneros por el Golfo de California, al menos hasta que se firme la sentencia final.
Estas luchas colectivas más-que-humanas son las luciérnagas en la oscuridad a las que se refiere Rossana Reguillo en su último libro: lucecitas que impiden que se pierda la esperanza. Pequeñas victorias que demuestran que cuando nos organizamos, cuando hablamos por los que no tienen voz, algo se mueve.
Los invito a conocer el proyecto, a seguirle la pista y, si quieren convertirse en otra luciérnaga, a sumarse. Alcemos la voz por todos los que no la tienen. Las ballenas ganaron una batalla. La guerra por este planeta, el único que tenemos, apenas comienza.