Las Batallas
La noticia sobre la captura y muerte de El Mencho —líder del Cártel Jalisco Nueva Generación— desató una avalancha de versiones, análisis y especulaciones. Más allá de confirmar o refutar el hecho y todas sus consecuencias, lo que resulta sociológicamente interesante es el proceso de construcción de “la verdad” (o “las verdades”) en el espacio público. Porque, lo sabemos, lo que circula no es solo información: son narrativas que compiten por posicionarse como las más legítimas, las más creíbles, las más potentes.
Para efectos de reflexionar sobre “la verdad”, el filósofo italiano Evandro Agazzi [1] nos invita a pensarla desde dos vertientes que podemos aterrizar a la práctica periodística. Desde una postura más tradicional del periodismo, podríamos hablar de la verdad como adecuación. Bajo este ideal, la noticia habría de funcionar como un espejo fiel de los hechos. El discurso informativo tendría que corresponderse exactamente con el evento ocurrido. Desde esta óptica, la verdad se define como una relación entre el referente (la evidencia verificable) y el relato que lo describe. Es el modelo paradigmático de la objetividad donde el lenguaje captura la realidad de forma neutral, sin distorsión. Sin embargo, incluso en este modelo, la selección de fuentes, el orden de los datos y el énfasis narrativo ya implican decisiones interpretativas. El espejo nunca es completamente neutroy es que, la neutralidad es, ya por sí misma, una posición.
Por la otra parte, tenemos la verdad como utilidad, asociada al pragmatismo y al construccionismo social. En comunicación política esto se traduce en lo que se conoce como “encuadre” (framing) y a la verdad por consenso. Es decir, una narrativa se acepta como verdadera no porque capture la realidad en su totalidad, sino porque resulta coherente con un sistema de creencias, porque fortalece una identidad colectiva o porque sirve a los intereses de una agenda. Bajo esta perspectiva, la verdad es el resultado de un acuerdosocial: aquello que una comunidad considera admisible y funcional.
En el caso de El Mencho, distintos actores (medios de comunicación, autoridades, e incluso personas usuarias de redes sociales) ofrecieron versiones que no solo describían hechos, sino que hacían eco en marcos interpretativos más amplios: éxito del Estado, montaje estratégico, reconfiguración del crimen organizado, cortina de humo, etcétera. Cada encuadre da un orden y sentido distinto a los mismos datos, produciendo efectos y verdades específicas.
Esto no significa que los hechos no importen, o que todo sea “relativo”. Los hechos importan, y mucho. Pero cómo se asimilen depende de tramas narrativas que les otorgansentido. Entonces, ¿no hay información objetiva? El rigor en la información es posible y necesario, pero no podemos obviar quién enmarca y con qué propósito. De modo que tan importante son los hechos, como las verdades que se construyen a su alrededor.
Fuentes:
[1] Agazzi, E. (1999). La ciencia y el conocimiento de la verdad.
* Adriana Figueroa Muñoz Ledo es Doctora en Ciencias Sociales.