Las Batallas
El martes, la gobernadora Margarita González Saravia soltó, en Oaxtepec, frente a funcionarios federales, una frase que no es común escuchar en una mandataria estatal: “A mí no me asustan los trancazos.” Y remató con una metáfora que, en Morelos, se entiende perfectamente: “No es lo mismo ver desde la barrera que andar montado en el toro.” Ayer hablamos de ello aquí mismo.
No hablaba solo de valentía personal. Hablaba del toro que dejó suelto el sexenio anterior: grupos criminales acostumbrados a someter gobiernos, comprar autoridades, amenazar funcionarios y capturar municipios enteros. Hablaba del operativo Enjambre, que ya dejó alcaldes detenidos, exalcaldes procesados y redes político‑criminales expuestas. Hablaba del intento —ahora confirmado— de amedrentar a su gobierno.
Y hablaba, sobre todo, del momento en el que Morelos se encuentra: el Estado está regresando al territorio, y el territorio no se entrega sin pelear.
En Ayala, horas después, ese mismo martes, la gobernadora endureció aún más el tono. En la inauguración de un Centro LIBRE —estrategia federal contra la violencia hacia las mujeres— acusó a la derecha de montar una campaña misógina y mentirosa contra quienes representan a la 4T. Ello en referencia a las informaciones publicadas en diarios que se editan an la Ciudad de México.
El mensaje fue doble:
En política, el tono importa. Y el suyo cambió.
Ayer, en la Mañanera del Pueblo, el secretario federal de Seguridad, Omar García Harfuch, soltó un dato que pasó casi desapercibido entre los discursos: los delitos en Morelos han caído poco más de 60% en lo que va del sexenio.
Ese dato, si se sostiene con cifras oficiales, no es menor. Significa que la estrategia de presencia territorial, coordinación federal y recuperación institucional está empezando a mover la aguja. Y llega justo antes de la presentación de “Morelos por la Seguridad”, la estrategia estatal que se anunciará este jueves.
El mensaje es claro: no solo hay discurso; hay resultados iniciales.
Mientras la gobernadora hablaba de trancazos y toro, el secretario de Gobierno, Edgar Maldonado, lanzó una advertencia que debe leerse con atención: “Prevemos acciones que busquen desestabilizar la paz y la gobernabilidad ante la proximidad del proceso electoral.” No es paranoia. Es diagnóstico.
Morelos tiene un historial donde hay grupos criminales que pueden intervenir en elecciones, operadores político‑criminales financian campañas, alcaldes capturados garantizan impunidad, y por otra parte, ya se ha usado la violencia como herramienta electoral.
Por eso Maldonado habló de:
Es decir: el gobierno sabe que vienen meses duros.
“Morelos por la Seguridad” llega en un momento donde el operativo Enjambre abrió la puerta para nuevas detenciones de funcionarios o alcaldes. También es momento en el que la gobernadora endureció el discurso y el gobierno federal mostró respaldo, lo que ha generado una caída significativa en los delitos y el crimen organizado aún no responde.
La estrategia, si quiere ser real, debe contener lo que ya discutimos aquí:
Si no incluye estos elementos, será insuficiente. Si los incluye y se ejecutan, Morelos podría iniciar su primera reconstrucción institucional en décadas.
La gobernadora decidió mandar un mensaje político y personal: no se dejará intimidar. No negociará con criminales. No retrocederá ante campañas de desinformación. Y no permitirá que Morelos vuelva a ser gobernado desde fuera del Estado.
El operativo Enjambre fue el primer trancazo. La estrategia del jueves será el segundo. Lo que viene después definirá si Morelos recupera el territorio… o si el toro vuelve a embestir.