Las Batallas
Ser policía en México no es fácil. Más allá de que es uno de los gremios peor evaluados por la sociedad, la verdad es que las condiciones en las que realizan su trabajo no son las mejores, con lo poco que tienen hacen lo que pueden y en muchos sentidos, precariamente, van sacando la chamba lo mejor posible.
Obviamente la representación social del sujeto ignorante, déspota, violento, maleducado y corrupto que pesa sobre ellos por parte de la sociedad, muchas veces los produce así, tal cual. Con ello no quiero idealizar a los agentes, sólo digo que quienes se integran a los cuerpos policiacos son trabajadores que hacen su trabajo cómo les es posible con lo poco que tienen en las peores condiciones posibles.
A ello hay que sumar que, en los últimos 40 años, ningún gobierno se ha preocupado realmente por mejorar sus condiciones. Los policías en México, por mandato constitucional, forman parte de los gobiernos municipales o estatales. No hay que olvidar que el artículo 115 de la Constitución Mexicana otorga a los municipios la facultad de la seguridad pública.
Y aunque ello ha venido cambiando, pues desde Vicente Fox para acá, los gobiernos federales se han empecinado con centralizar la seguridad, despojando a los cuerpos policiacos locales de presupuesto y fuerza, la verdad es que ni la Policía Federal Preventiva, la Policía Federal, la Gendarmería o la Guardia Nacional pueden tener presencia en todo el territorio.
Siguen siendo las policías locales las que pueden desplegarse en todo el territorio, pero si no tienen buenos salarios, no tienen equipamiento suficiente ni capacitación o entrenamiento, sin estar completos (en Morelos el déficit es mayúsculo), pues es imposible que puedan responder al crimen común, peor aún, cuando hoy hablamos de enfrentar a verdaderos ejércitos con mejor equipo y a veces, mejor entrenamiento.
Imagínese, en Morelos se logró en un año lo que no se había hecho en una década. El salario de los policías de a pie pasó de poco más de 10 mil pesos a poco más de 16 mil, lo que representa para el gobierno estatal un enorme esfuerzo. El incremento supera el 50 por ciento en 12 meses. Pero si uno lo ve fríamente, imagínese cobrar 16 mil pesos por arriesgar la vida todos los días, sin equipamiento suficiente y en medio del repudio de todos, tirios y troyanos. ¿Quién está dispuesto?
Pero es peor aún, pues la indefensión de los agentes policiacos en territorio, en los estados o municipios, es tal, que atentar en su contra parece sumamente fácil. Para muestra lo ocurrido este inicio de año. Según Causa Común, organización que se encarga justamente de dar seguimiento a los cuerpos policiacos en el país, en los primeros 15 días de este año ocurrieron 11 asesinatos de policías en México.
De ellos, cuatro ocurrieron en Michoacán y tres en Morelos. Los casos en la Tierra de Zapata fueron ataques directos y si alguno de los elementos salvó la vida, fue por puro milagro, porque las condiciones de indefensión en las que estaban las víctimas son apabullantes.
Es decir, ser policía en México no es un reto profesional, es un desafío humano, pues se hace en un escenario socialmente no favorable, nadie está dispuesto a reconocerles nada; en condiciones sumamente precarizadas, peligrosas y con la enorme tentación de pasar al lado oscuro, porque no hay de otra o porque se les obliga. Y el problema es que, salvo algunos esfuerzos muy locales, como el del gobierno de Morelos, en todo el país no se observa que esto vaya a cambiar.
Escríbame a [email protected]
Sígame en Facebook: @JaimeLuisBrito o en Twitter: @Patrio74