Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
El próximo jueves se presentará la estrategia “Morelos por la Seguridad”, en un momento en el que el estado vive una de sus coyunturas más complejas. No es exageración: homicidios al alza, bandas criminales que amenazan gobiernos, alcaldes detenidos, funcionarios vinculados a redes criminales y territorios que, durante el sexenio anterior, quedaron literalmente en manos de grupos armados.
La gobernadora Margarita González Saravia ha dicho que la estrategia seguirá los principios de la Estrategia Nacional de Seguridad: prevención, reconstrucción del tejido social, coordinación institucional. Todo eso es necesario. Pero en Morelos, no es suficiente.
Porque aquí, la violencia no es solo un fenómeno delictivo. Es un fenómeno político.
Y una estrategia real debe partir de esa premisa.
El sexenio anterior no solo fue omiso: fue permisivo. Mientras el gobierno se dedicaba al saqueo —más de 3 mil millones de pesos desviados, según diversas investigaciones—, los grupos criminales ocuparon el territorio.
En 2023 llegó El Barbas, enviado por el Cártel de Sinaloa, y en un año logró controlar buena parte del oriente. No lo hizo solo: se apoyó en liderazgos político‑criminales locales, en policías municipales capturadas y en autoridades que miraron hacia otro lado. Hay otras historias en la región sur poniente que son muy similares.
Lo que ocurrió en Morelos es exactamente lo que Guillermo Trejo y Sandra Ley describen como captura subnacional del Estado: los criminales no solo operan en el territorio, sino desde el gobierno.
Y hoy estamos pagando esa factura.
El grupo que Blanco permitió instalar en el oriente intentó someter a la nueva gobernadora. La amenazaron. Le exigieron condiciones. Quisieron repetir el patrón.
Pero la respuesta fue distinta: presencia institucional, servicios, territorio, y luego detenciones. Totolapan fue el ejemplo más claro.
El Estado regresó. Y eso, para los grupos criminales, es una provocación.
Las detenciones recientes —alcaldes, exalcaldes, funcionarios municipales— confirman que la captura del Estado no era teoría: era expediente.
Morelos tiene casos que parecen ficción:
La pregunta no es si hay más. La pregunta es cuántos más.
Y si la estrategia del jueves no contempla ir al fondo, todo esto será inútil.
Morelos necesita algo más. Necesita una estrategia que enfrente la realidad:
Si la estrategia no incluye estos elementos, será nada más una lista de buenas intenciones.
Ante la situación que vive el estado, la pregunta es inevitable:
¿Habrá voluntad política para continuar hasta el fondo?
Porque lo que viene no es sencillo:
Si el proceso se detiene, el crimen se reorganizará. Si continúa, Morelos podría iniciar su primera reconstrucción institucional en décadas.
“Morelos por la Seguridad” no puede ser un acto simbólico. Debe ser el inicio de una estrategia que reconozca la profundidad del problema y la necesidad de enfrentarlo con todas las herramientas del Estado.
El crimen ya probó al gobierno. Ahora el gobierno debe probarse a sí mismo.
Morelos no necesita esperanza. Necesita Estado.




