Las Batallas
En Morelos ya nos habíamos acostumbrado a vivir (bueno, no todos) en una casa donde nadie recogía ni los platos rotos ni los cadáveres políticos. Graco dejó la sala llena de pleitos y deudas millonarias y emocionales; Cuauhtémoc Blanco, en cambio, convirtió el estado en el desmadre de vestidor de campo llanero: gritos, improvisación y la sensación permanente de que alguien había perdido el balón… y también el presupuesto.
Por eso el primer informe de Margarita González Saravia tiene un mérito que no necesita propaganda: llegó a gobernar donde antes apenas administraban el caos. Y lo dice ella misma, sin maquillaje: encontró un “desorden terrible en todos los rubros” —transporte, seguridad, salud, relaciones institucionales, diálogo entre poderes—, una casa descuidada, sin cariño y sin rumbo. Eso está documentado en su propio balance previo al informe, donde explica por qué adoptó el lema “ordenar la casa es transformar Morelos”.
Y vaya que empezó por lo simbólico: reabrir el Palacio de Gobierno, cerrado al público durante 12 años. El primero de octubre de 2024, su primera acción fue abrir el Palacio. Doce años cerrado. Es claro, los gobernadores anteriores temían que la ciudadanía los contagiara de realidad. Margarita lo abrió desde el primer día, un gesto mínimo pero contundente: gobernar no es esconderse.
Ahora llega el informe. No uno, sino uno institucional y siete regionales, del 11 al 15 de febrero, porque —a diferencia de sus antecesores— ella sí se atreve a pararse frente a la gente. Porque es la gobernadora de territorio, no de escritorio. Graco prefería el pleito y la seguridad de sus compinches; Cuauhtémoc prefería la selfie, la violencia, la descalificación y el padel. Margarita prefiere el territorio.
En seguridad, el contraste es todavía más claro: nuevos agentes del Ministerio Público, tres generaciones de policías formándose, profesionalización, inversión en capacitación y módulos de Compra Segura. Nada espectacular, pero sí institucional. Después de años de ocurrencias, Morelos agradece que alguien vuelva a leer manuales.
Y mientras tanto, el estado empieza a recuperar autoestima: inversión en campo, programas sociales, impulso económico, y hasta presencia nacional con restaurantes en la Guía Gastronómica. No es la tierra prometida, pero al menos ya no es el chiste nacional.
¿Es perfecto el gobierno de Margarita? No. ¿Es mejor que lo que había? Por goleada. Después del desmadre, llegó el orden. Y eso, en Morelos, ya es una revolución.
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