Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
El ridículo, cuando se ejerce desde el poder, nunca es inocente. Tiene motivación política, cálculo político y consecuencias políticas.
Mario Delgado, con la desfachatez que lo caracteriza —la misma que lo llevó a acercarse a la secta NXIVM para codearse con un grupo de influencia dentro de Morena— decidió primero recortar el ciclo escolar al 5 de junio, con el argumento del Mundial y del calor.
Luego tuvo que recular ante el alud de críticas. Pero aun así, defendió su postura con una mezcla de ignorancia y soberbia que lo coloca, sin exagerar, entre los peores secretarios de Educación de los últimos sexenios.
Su discurso fue una joya:
Todo esto para justificar recortar 40 días de clases en un país con rezagos educativos profundos.
Finalmente, el ciclo escolar terminará el 15 de julio, como debía ser desde el principio. Pero Delgado insistió en su postura, como si la realidad fuera un inconveniente menor.
Delgado quiso vender la idea de que después del 15 de junio “ya no se enseña nada”. Pero los datos de UNICEF, Mexicanos Primero y la propia SEP contradicen esa afirmación: México es uno de los países con mayor pérdida de aprendizajes tras la pandemia y con menos días efectivos de clase.
Recortar el ciclo escolar no solo es absurdo: es irresponsable.
Pero el ridículo tiene motivación política. Y aquí viene la parte que nadie en el gobierno quiere decir en voz alta.
La CNTE lleva meses presionando al gobierno federal para que cumpla la promesa —hecha por AMLO y repetida por Sheinbaum— de derogar la reforma a las pensiones de Zedillo, que eliminó la bolsa única y creó las Afores.
Pero esa promesa es imposible de cumplir hoy. No hay dinero. No hay condiciones. No hay forma.
La CNTE lo sabe. El gobierno lo sabe. Todos lo saben.
Y por eso la CNTE anunció movilizaciones durante el Mundial. Y eso, para el gobierno, es un problema político y mediático enorme.
Porque una cosa es que protesten en marzo. Otra muy distinta es que protesten en junio, con el mundo mirando.
Y aquí está la clave:
La CNTE solo se moviliza en tiempo de clases. Sin clases, no hay bloqueos. Sin bloqueos, no hay escándalo internacional. Sin escándalo, no hay presión.
Hasta la revolución se va de vacaciones.
Por eso querían adelantar el fin del ciclo escolar. No por el calor. No por el Mundial. No por el aprendizaje.
Por la CNTE.
Mario Delgado no es ingenuo. Sabe que su discurso es insostenible. Pero también sabe que en política, a veces, el ridículo es útil.
Sirve para distraer. Sirve para justificar. Sirve para cubrir decisiones que no se pueden decir en voz alta.
El problema es que esta vez el ridículo fue demasiado grande. Y dejó al descubierto la motivación real: evitar protestas magisteriales durante el Mundial.
El ciclo escolar terminará el 15 de julio. La CNTE protestará cuando quiera. El Mundial será lo que tenga que ser.
Pero lo que queda es la evidencia de un secretario que:
Claro, no se manda solo. Aunque México merece algo mejor. La educación también. Y las niñas y niños, ni se diga.




