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Opinión/Samuel Palma

 
| 06 de Diciembre de 2017 | 13:05
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José Antonio Meade y la cuarta etapa del PRI

 

 

@vsamuelpalma

 

 

A contrapelo de la impresión general sobre la existencia de un PRI que ha conservado a lo largo de sus casi noventa años la misma estructura, diseño, propuesta y forma de operación, cabe señalar que es y ha sido una institución con procesos profundos de cambio, en las que es posible identificar cuatro etapas muy claras.

 

La primera de ellas se refiere a su modelo fundacional, consistente en una articulación de carácter federativo o de asociación de diversos partidos de origen o tendencia revolucionaria, que decidieron atender la convocatoria para fundar el Partido Nacional Revolucionario (PNR), en marzo de 1929. A ello se debe que se diga que éste fue un partido de partidos.

 

La segunda etapa arranca en 1938, cuando el PNR desaparece, y en su lugar se forma el Partido de la Revolución Mexicana (PRM); no sólo se trató de un cambio de nombre, sino, además, de una estructura y forma de organización totalmente diferente. Se dejó atrás a los partidos fundantes y se conformaron los sectores Agrario, Obrero, Popular y Militar, quienes constituidos, a su vez, por sindicatos y distintas organizaciones, resolvieron conformar al nuevo partido. Se trata de sectores con partido.

 

Mientras el PNR gravitó en una órbita con márgenes de independencia con el gobierno emanado de sus filas; el PRM asumió en el gobierno el liderazgo político, lo que posteriormente delinearía uno de los rasgos del llamado presidencialismo mexicano.

 

El PRI define la tercera etapa del partido en 1946, esta vez integra la doble estructura, la sectorial y la territorial. Así, mantuvo la presencia de los sectores Agrario, Obrero y Popular, ya sin el Militar; pero en paralelo consideró la integración de Comités Seccionales como base de su estructura territorial. Ello se corresponde con la reforma electoral de ese mismo año que creó la Comisión Federal de Vigilancia Electoral, primer organismo de carácter federal (antecedente primigenio del actual INE), encargado de organizar las elecciones y con lo cual se institucionalizaron las secciones electorales.

 

Es claro que el PRI buscó conectarse de forma estratégica con la adecuación que sufrió la organización de las elecciones. Así su proceso de postulación de candidatos al Congreso, migró de la determinación autónoma de los sectores que dominaban en cada distrito electoral, a un proceso de negociación a través de las Convenciones correspondientes, y del papel que deberán jugar sus comités seccionales.

 

Si con el PRM los sectores constituyeron un partido, con el PRI el partido integró a los sectores. Cuando una nueva reforma electoral en 1996 modificó la condición de los partidos convirtiéndolos en entidades de interés público en términos de la Constitución, consecuentemente con ello el PRI experimentó el inicio de una nueva fase en su vida.

 

Cierto, con la candidatura de José Antonio Meade se da colofón a un proceso que arranca con la reforma electoral de 1996, en donde los partidos fueron regulados por instancias autónomas y jurisdiccionales. Así, los partidos dejaron atrás su carácter privativo y se proyectaron como medio para que la ciudadanía ejerciera su derecho a ser votado.

 

Meade será el candidato de un partido abierto, de una institución auténticamente pública y que se debe a la sociedad, tal y como estuvo inscrito en la reforma de 1996. En efecto, Meade es el candidato de la cuarta etapa del PRI. Lo es, porque la pregunta de quién domina las decisiones del partido, que tiene como respuesta a sus militantes y órganos de dirección y de gobierno, agrega desde 1996 un nuevo elemento que consiste en las resoluciones del órgano electoral y de los Tribunales Electorales.

 

En ese sentido, los partidos tienen un cambio que parece leve, pero cuenta con una gran profundidad, en tanto son instituciones que se deben a sus militantes, en un contexto donde su misión es “…como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstas al ejercicio del poder público…” (Art. 41, fracción 1, párrafo segundo de la Constitución Política). Esto quiere decir que son instituciones ciudadanas, así es como el PRI ahora tiene como candidato a la Presidencia de la República a José Antonio Meade.