Tercero Interesado: La relatividad de la política
El gabinete de seguridad nacional ha hecho a un lado las diferencias históricas entre las Fuerzas Armadas y las autoridades civiles de seguridad y, por instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum, ha establecido mecanismos para trabajar de manera conjunta en una de las tareas más sensibles y complejas de la lucha contra el crimen organizado: la inteligencia. La decisión tiene un enorme peso político y operativo.
Durante décadas, las rivalidades institucionales, la desconfianza entre corporaciones y la disputa por el control de la información complicaron la actuación del Estado frente a organizaciones criminales que, mientras tanto, extendieron sus redes de influencia, negocios y estructuras de operación.
Nos aseguran que la instrucción presidencial ha sido clara: las capacidades de inteligencia del Estado mexicano deben estar al servicio de una sola estrategia de seguridad, independientemente de la institución que obtenga la información, procese los datos o ejecute las operaciones.
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