Las Batallas
El Palacio Nacional inició a construirse a la caída de Tenochtitlan y, por orden del mismo Hernán Cortés, se edificó sobre lo que fue el palacio de Moctezuma II y en algunos de sus patios hay una ventana histórica que permite ver restos del pasado mexica. En él han vivido o pernoctado de manera voluntaria o involuntaria varios personajes de la historia.
Donde hoy reside la jefa del Estado mexicano, también lo hicieron virreyes, presidentes y uno que otro gorrón. Sirvió de prisión a Juárez y Madero y de residencia provisional a Maximiliano y Carlota. Por cierto, y sin ánimo de calentar a los morenistas, esta última fue la primera mujer en gobernar el país. Allí tuvo sus habitaciones Mariano Arista, un presidente bastante coscolino, que escapaba por las noches a visitar a sus queridas, y también Benito Juárez, que pasó a mejor vida en uno de sus recintos.
Pues resulta que en días pasados en este “sacrosanto” lugar se suscitó un “escandalillo”. Algunos lo consideran conveniente para el régimen y otros revelador del mismo. Los primeros basan su afirmación en los efectos distractores que produjo y los segundos en lo que dio a conocer de la conducta de los pregoneros de la secta.
Una mujer, rubia según aparece en las fotografías, decidió asolear sus extremidades inferiores desde una de las ventanas del inmueble. Los paseantes en la plancha del Zócalo reportaron el avistamiento y difundieron en las redes sociales la imagen de la “femenina” –término que se usa en los partes policiacos– con una nada patriótica postura en un balcón de las oficinas de la heroica Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Muy cerca del esquilón de Dolores, el mismo que usó el cura Hidalgo para llamar a la independencia.
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