Las Batallas
Cruz Azul y la reivindicación de la identidad
Hay equipos que ganan campeonatos y hay equipos que representan una época. Cruz Azul pertenece a esta segunda categoría; su reciente conquista del Clausura 2026 no solamente significa la obtención de la décima estrella; representa el regreso de una identidad histórica que parecía dispersa entre crisis administrativas, derrotas traumáticas y una modernidad futbolística que había olvidado el valor de la pertenencia.
Cruz Azul nació distinto, no surgió desde las élites empresariales tradicionales ni desde los círculos aristocráticos del futbol mexicano. Nació de obreros cementeros, de cooperativistas, de trabajadores que construyeron un club como extensión de una comunidad productiva. La Máquina fue durante décadas una metáfora industrial del México que crecía: disciplina, organización, trabajo colectivo y sentido social.
Por eso este campeonato tiene una dimensión simbólica mucho más profunda que la simple estadística deportiva. Durante años el club quedó atrapado entre fantasmas. Finales perdidas, reconstrucciones fallidas y una narrativa mediática que convirtió el verbo “cruzazulear” en sinónimo de derrota. Sin embargo, los grandes equipos no desaparecen; resisten y Cruz Azul resistió.
La décima llegó precisamente cuando menos se esperaba. Después de la salida de Nicolás Larcamón, el club parecía entrar nuevamente en incertidumbre. Entonces apareció Joel Huiqui y allí está quizá la parte más hermosa de esta historia. Huiqui no representa al técnico-espectáculo ni al gurú mediático importado. Representa algo mucho más importante: la memoria institucional. Fue jugador cementero, capitán, defensor de oficio, hombre de vestidor y formador de fuerzas básicas. Conoce el ADN del club porque lo vivió desde dentro.
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