La importancia de lo incomprensible
El servicio público se aprende con los años, pero sobre todo enfrentando problemas concretos y respondiendo por las decisiones que se toman. Parte de mi trayectoria ha estado vinculada a los sistemas de agua, donde entendí muy pronto que el trabajo exige dos cosas elementales: hablar con honestidad y conocer bien el territorio.
Cuando hablo de honestidad, no pienso en una consigna. Responder por las decisiones empieza por hablar con la verdad. Decir con claridad qué se puede hacer, qué dificultades existen y qué resultados pueden esperarse. Significa no generar expectativas que sabemos que no podremos cumplir, reconocer cuando algo no salió bien y explicar las razones. La honestidad en el servicio público se demuestra así: en la manera de tomar decisiones, administrar los recursos y rendir cuentas sobre lo que se hizo y lo que quedó pendiente.
Conocer el territorio forma parte de esa misma manera de entender el servicio público. Los datos, los diagnósticos y la información técnica son indispensables para tomar decisiones, pero necesitan contrastarse con lo que ocurre en cada comunidad. Recorrer una colonia, hablar con sus habitantes y conocer las condiciones particulares de cada zona permite entender problemas que difícilmente aparecen completos en un informe.
Conocer una ciudad exige tiempo, presencia y contacto permanente con su gente. El territorio no se conoce con una visita ocasional ni desde una oficina. Se conoce regresando, escuchando, recorriendo y entendiendo que una misma decisión puede tener efectos muy distintos de una comunidad a otra.
Cuernavaca lo demuestra todos los días. Los problemas de Santa María no son los mismos que los de la Barona o Chipitlán. Incluso problemas presentes en buena parte de la ciudad, como el agua, el alumbrado, la pavimentación o la seguridad, se viven de manera diferente en cada zona. Para tomar decisiones sobre Cuernavaca primero hay que conocer esas diferencias.
Por eso territorio y honestidad están relacionados. Conocer de cerca los problemas obliga a hablar de ellos tal como son, sin simplificarlos y sin ofrecer soluciones que no corresponden a la realidad. También obliga a explicar que se puede hacer, cuáles son las dificultades y que responsabilidad le corresponde a cada autoridad. La confianza se construye cuando hay congruencia entre lo que se dice, las decisiones que se toman y la manera en que se responde por ellas.
Esto debería formar parte de cualquier discusión sobre el ejercicio de una responsabilidad pública. La experiencia y la preparación importan, pero ninguna sustituye la obligación de conocer la realidad sobre la que se toman decisiones y de responder con claridad por ellas.
Honestidad y territorio parecen principios elementales, pero buena parte de la distancia entre la política y la ciudadanía comienza cuando alguno de los dos se pierde. Cuando se desconoce lo que ocurre en las comunidades, las decisiones se alejan de sus problemas; cuando falta honestidad, se pierde la confianza necesaria para llevarlas adelante.
Recuperar esos principios no resolverá por sí solo los problemas de una ciudad, pero sí puede cambiar la manera de enfrentarlos. Hacer política debería empezar por algo tan básico como conocer bien la realidad y hablar con verdad sobre ella.
* Javier Bolaños es egresado del Instituto Politécnico Nacional, con larga trayectoria en la función pública y experto en gestión hídrica.