Las Batallas
Pensarás que estoy loca, ¿cómo puedo escuchar a un río?
Su agencia claramente no es humana, por lo tanto, su voz tampoco lo es. Pero cuando visito el río, lo veo muy seco en temporadas donde debería tener agua. A lo largo de su cauce me encuentro con muchos residuos plásticos en vez de piedras y animalitos brincando. Es así como sé que el río pide ayuda.
La modernidad nos ha envuelto en un movimiento frenético donde pareciera que las pausas son castigadas. Pero tenemos que detenernos, tenemos que parar este modo de vida para ver el mundo en el que en realidad estamos viviendo. Un mundo lleno de fantasmas, como los nombra Anna Tsing: en donde antes había montañas, hoy hay huecos gigantescos, pues se llevaron los minerales; en donde antes había praderas, hoy son tiraderos de llantas usadas. “Las historias del progreso nos han cegado”, dice Anna Tsing, para sacudirnos y que despertemos de este sueño que nos vendieron hace siglos: el de la modernidad y el progreso como los caminos unidireccionales y singulares para alcanzar el éxito. Hoy el éxito es otro: está en los colectivos, en nuestros territorios, en los cuidados.
Rossana Reguillo nos regaló un último libro antes de convertirse en una luciérnaga eterna. En él nos recuerda que, para cambiar esta realidad que está consumiendo a los ríos, a las ballenas y a los perritos de la pradera, hay que ver más allá del agua correr y fijarnos en los detalles. Fijarnos en qué falta en esos paisajes o qué sobra. Esas pausas, esos cuestionamientos, son una forma de resistir a pensar que este camino que ha llevado la humanidad desde hace un par de siglos es el único posible. Para Rossana Reguillo, estas pequeñas resistencias son políticas de luz; son, quizá, pequeños destellos que, aunque pequeños, interrumpen la completa oscuridad.
Hoy en día, no tenemos que ir a los ríos para escucharlos hablar, también los podemos seguir en cuentas de Instagram donde humanos que ya los escucharon entendieron esa respons-habilidad que tienen más allá de sus camaradas humanos. Está el caso de la cuenta @perritosenfugas, donde perritos de la pradera de Chihuahua están mostrándole a otros humanos que utilizan Instagram lo que el Proyecto Saguaro le quiere hacer a su hogar al construir un megaducto de gas que irá de Texas a Sonora, donde además ese gas es producto del fracking, por lo que muchos otros seres sufrirán.
Estas cuentas no buscan likes, no buscan emojis de ternura; su objetivo es crear una conciencia colectiva que prenda más lucecitas por todo México y todo el mundo. Cada lucecita será una nueva oportunidad, un nuevo camino, una nueva resistencia a este mundo antropocéntrico y extractivista. Es decir, todas esas imágenes tiernas de perritos de la pradera explicando la situación y pidiendo ayuda son, como lo dice Rossana Reguillo, pequeñas políticas de luz. Y son esos destellos los que necesitamos para iluminar este planeta y el futuro de todos los que aquí vivimos. Cierro mi columna de hoy con unas palabras que espero los dejen a todos ustedes, lectores, con las ganas de convertirse también en destellos de políticas de luz.
“Quizá, el verdadero acto revolucionario hoy consista en detenernos a mirar, alimentar, curar y amar a quien, sin palabras, viene a decirnos: aquí estoy, ¿todavía hay lugar para mí?” Rossana Reguillo y Alina Peña Iguarán en el libro El vuelo de las luciérnagas (2026)
Seamos esas lucecitas que nos pide la Tierra.