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CUERNAVACA, Mor., 22 de junio de 2026.— Históricamente, el estado de Morelos se ha consolidado como una de las entidades con mayor incidencia de picaduras de alacrán en la República Mexicana. Sin embargo, a mediados de junio de 2026, lo que solía ser una estadística estacional se ha transformado en un desafío prioritario para el sistema de salud pública local.
La combinación de una prolongada temporada de calor y el inicio temprano del temporal de lluvias ha disparado la actividad de estos arácnidos, empujándolos fuera de sus hábitats naturales hacia el interior de las viviendas. Con más de 8 mil 250 casos registrados en lo que va del año y una defunción confirmada en un menor de edad, las alarmas epidemiológicas se mantienen encendidas en las Jurisdicciones Sanitarias del estado.
El monitoreo de los Servicios de Salud de Morelos (SSM) revela una curva ascendente y constante en el comportamiento del alacranismo durante los primeros meses de 2026. Las cifras oficiales exponen la velocidad con la que se ha propagado esta contingencia:
Pese a la intensidad de la temporada, la tendencia actual se mantiene en parámetros similares a los de 2025 —periodo que concluyó con un total de 20,442 casos—. No obstante, la gravedad de los ataques de este año ya cobró su primera víctima fatal: una muerte confirmada de un menor de edad en el municipio de Ayala, lo que obligó a intensificar los protocolos de distribución del antídoto.
El alacranismo no se distribuye de manera uniforme en la geografía morelense. Factores como la altitud, el tipo de construcción rural y el clima semicaloroso concentran la mayor cantidad de víctimas en las regiones oriente, sur y los Altos de Morelos. Los puntos críticos identificados por la Secretaría de Salud son:
En estas demarcaciones, la interacción entre la población y los arácnidos es cotidiana. Las autoridades sanitarias locales han advertido que el incremento de reportes en estas zonas rurales y semiurbanas coincide con la acumulación de escombro, madera y la falta de revoque o sellado en las paredes de las viviendas, espacios óptimos para el anidamiento.
De las decenas de especies de alacranes que habitan en el territorio estatal, los biólogos y epidemiólogos centran su atención en dos en particular, debido a la alta toxicidad de su veneno y su capacidad para desestabilizar el sistema nervioso humano de forma sistémica. Ambas pertenecen al género Centruroides:
Ambas especies son consideradas de importancia médica. Sus picaduras requieren atención inmediata en clínicas y hospitales, ya que sus toxinas viajan rápidamente por el torrente sanguíneo, bloqueando los canales de sodio y potasio de las células nerviosas.
A pesar del volumen masivo de ataques, Morelos cuenta con uno de los sistemas de respuesta y abasto de antídotos más robustos a nivel nacional, lo que ha contenido de forma drástica el índice de mortalidad.
De acuerdo con el reporte más reciente de la Secretaría de Salud del Estado, en lo que va de 2026 se han aplicado un total de 14,336 dosis de suero antialacrán (faboterápico polivalente). La cifra de sueros aplicados es considerablemente mayor al número de personas picadas debido a que, dependiendo de la severidad del cuadro de intoxicación y la edad del paciente, los médicos pueden administrar desde dos hasta cinco frascos del antídoto para neutralizar por completo el veneno. Los almacenes de salud reportan existencias suficientes para cubrir el resto del periodo de lluvias.
La picadura de un alacrán del género Centruroides es una auténtica urgencia médica. El cuadro clínico suele evolucionar de forma local a generalizada en cuestión de minutos. Los síntomas se dividen según su nivel de gravedad:
Los niños pequeños, junto con los adultos mayores y las personas con enfermedades crónicas (diabetes, hipertensión), integran los grupos de altísimo riesgo debido a su menor masa corporal o sistemas inmunes comprometidos. En un infante, los signos de alerta roja incluyen:
Las autoridades de Protección Civil y del sector salud enfatizan que ante una agresión por alacrán, el tiempo es vida.
Morelos atraviesa por una de sus temporadas de alacranismo más intensas de los últimos años. Con la consolidación del periodo de lluvias durante los meses de junio y julio, la recomendación de los Servicios de Salud es mantener un escudo preventivo dentro de los hogares.
Acciones sencillas como sacudir la ropa y los zapatos antes de usarlos, separar las camas de las paredes, colocar mosquiteros, retirar la maleza de los patios y evitar caminar descalzo durante la noche o la madrugada, marcan la diferencia entre un susto menor y una tragedia médica. La infraestructura hospitalaria está lista, pero la primera línea de defensa permanece en la prevención ciudadana.