Las Batallas
Hay una prueba muy simple que cualquier persona puede hacer para calificar a su ciudad: caminar de noche por su propia calle. No hace falta una encuesta para saber si esa calle está iluminada, si tiene buen mantenimiento o si tiene que caminar con la vista puesta en el piso, esquivando baches, o con la vista puesta al frente, cuidándose al sentirse inseguro. Esa caminata, repetida todos los días por miles de personas en Cuernavaca, es la encuesta más honesta que existe.
Y las encuestas formales confirman lo que esa caminata ya dice. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI coloca a los baches como el principal problema urbano del país y al alumbrado insuficiente en segundo lugar. Son datos nacionales, pero en Cuernavaca los reconocemos de inmediato porque los vivimos todos los días.
Suelen tratarse como dos quejas distintas: una de infraestructura vial, otra de infraestructura eléctrica. Pero quiero detenerme en algo que casi nunca se dice con claridad, el alumbrado y el bacheo no son solamente temas de mantenimiento urbano, son también temas de seguridad. Y no lo digo en el sentido de que resuelvan la inseguridad por sí solos, sino en el sentido más elemental de que son parte de las condiciones que hacen que una persona se sienta protegida o expuesta al salir de su casa.
Una calle oscura no solo es incómoda, cambia comportamientos. Cambia la hora a la que alguien decide regresar a casa, la ruta que se elige para caminar hacia el transporte público, la disposición de una familia para dejar salir a sus hijos al espacio público después de cierta hora. Una banqueta rota con un poste apagado no es un asunto estético, es un punto donde disminuye la vigilancia natural que da a la gente circulando, donde el comercio cierra más temprano y donde el espacio, poco a poco, deja de sentirse parte de la comunidad.
Por eso me parece un error tratar la seguridad exclusivamente como un asunto de patrullas y operativos. La estrategia de seguridad que hoy se despliega desde el Gobierno de México, coordinada por la presidenta Claudia Sheinbaum, entiende que no basta con atender los hechos violentos, hay que atender también las causas que los hacen posibles, y ahí entran los programas de bienestar y la reconstrucción del tejido social. Es una visión integral.
Pero esa visión integral también le asigna una responsabilidad al municipio, y es una responsabilidad que no depende de ninguna estrategia federal ni estatal para poder cumplirse: mantener iluminadas las calles, transitables las banquetas y dignos los espacios públicos. Eso no resuelve la seguridad por completo, nadie puede prometer eso de manera honesta, pero sí resuelve una parte del problema que está enteramente al alcance de la autoridad municipal, y que además es la parte que la gente puede verificar con sus propios ojos cada noche.
Ahí está, creo yo, la desconexión que explica por qué las personas en Cuernavaca consideran poco efectivo a su gobierno municipal para resolver los problemas que más le importan: no es solamente que falten patrullas, es que sigue faltando lo más básico, lo que no requiere una estrategia compleja sino continuidad, mantenimiento y un inventario claro de qué está fallando y dónde.
No conozco ninguna ciudad segura que funcione a oscuras y sobre pavimento roto. Conozco, en cambio, muchas colonias en Cuernavaca donde alcanzaría con muy poco -una luminaria que funcione, una calle transitable- para que la gente vuelva a caminar con más tranquilidad. Ese es un punto de partida modesto, técnico y verificable. Y por eso mismo, me parece el correcto.
* Javier Bolaños es egresado del Instituto Politécnico Nacional, con larga trayectoria en la función pública y experto en gestión hídrica.




