Las Batallas
En los recorridos que hago por las colonias de Cuernavaca escucho con frecuencia la misma queja: “El agua no llega y me están cobrando”.
La frase puede parecer una contradicción, pero en realidad resume uno de los problemas más complejos del sistema hídrico de la ciudad. Para entenderlo hay que ir un poco más allá de la molestia legítima de quien abre la llave y no encuentra agua.
Cuernavaca tiene agua, eso conviene decirlo con claridad. El acuífero que compartimos con municipios como Jiutepec, Tepoztlán, Huitzilac y Xochitepec mantiene disponibilidad del recurso, aunque con una tendencia descendente que obliga a pensar desde ahora en el largo plazo, particularmente hacia el horizonte 2030-2035. El reto no es la falta de agua en el subsuelo. El reto es llevarla desde ahí hasta el grifo de cada familia.
Es en ese trayecto donde se concentra buena parte de la complejidad.
El sistema opera, en su mayoría, mediante tandeos. Sólo una pequeña parte de las tomas recibe servicio continuo las veinticuatro horas del día. El resto depende de horarios específicos de distribución y de las condiciones de cada zona. A eso se suma otro desafío: en diversas colonias, particularmente en zonas del oriente y poniente de la ciudad, el agua no deja de llegar porque el acuífero esté agotado, sino porque la infraestructura simplemente no existe o no alcanza a cubrir esos asentamientos.
Entonces la molestia de la gente no se trata de un problema tarifario ni de cultura de pago. Es un problema de cobertura que requiere inversión pública y planeación técnica.
Ahí está una de las grandes paradojas de Cuernavaca: hay agua disponible en el acuífero y, al mismo tiempo, familias que siguen sin acceso regular al servicio. Son problemas distintos, aunque con frecuencia se mezclan en la misma discusión.
Esta realidad también tiene consecuencias sobre las finanzas del organismo operador. Cuando el servicio es intermitente, cuando llega con baja presión o cuando los horarios de suministro no se cumplen, la confianza de los usuarios se deteriora. Es difícil pedir confianza en un servicio que llega tarde, llega poco o simplemente no llega.
La cartera vencida acumulada por el SAPAC refleja parte de esta problemática. Se genera entonces un círculo difícil de romper: sin ingresos suficientes no hay recursos para invertir; sin inversión el servicio no mejora; y sin mejoras, la disposición a pagar continúa disminuyendo. No es un problema que pueda resolverse únicamente con descuentos o medidas de presión. La mejor forma de fortalecer la recaudación sigue siendo ofrecer un mejor servicio.
A ello se suman las pérdidas físicas en la red. Una parte importante del agua que se extrae y se bombea nunca llega a los usuarios. Se pierde en fugas, en infraestructura deteriorada o en sistemas que ya no operan con la eficiencia necesaria.
Reducir esas pérdidas no es un asunto menor ni una obsesión de ingenieros. Es una de las formas más eficaces de recuperar agua sin perforar nuevos pozos ni buscar nuevas fuentes de abastecimiento. Es agua que ya se extrajo, ya se bombeó y ya generó costos, pero que hoy se pierde antes de llegar a las viviendas.
Frente a este panorama, existen rutas técnicas que han sido identificadas desde hace tiempo: sectorizar la red para controlar mejor las presiones y detectar fugas, ampliar la cobertura hacia las zonas que hoy carecen de infraestructura, rehabilitar pozos estratégicos y fortalecer la capacidad de almacenamiento para aprovechar mejor la distribución por gravedad y reducir costos de bombeo.
Hay avances en esa dirección que vale la pena reconocer. El desafío consiste en darles continuidad y mantener una escala de inversión acorde con el rezago acumulado durante décadas.
Pero más allá de las obras y de los proyectos específicos, hay una pregunta que Cuernavaca tendrá que responder tarde o temprano: ¿cómo garantizar el derecho al agua en una ciudad donde todavía existen miles de personas fuera de la red?
La respuesta exige recursos, coordinación entre los distintos órdenes de gobierno y una visión que vaya más allá de los periodos administrativos. Sobre todo, exige entender que el agua no es un problema que aparece cada temporada de estiaje. Es la infraestructura más importante de una ciudad.
Eso es lo que escucho en las colonias. Y eso es lo que, a mi juicio, merece una respuesta a la altura.
* Ingeniero especialista en recursos hídricos y gestión de infraestructura hidráulica.