Nada Personal
Esta semana, la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, presentó el segundo informe ambiental del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Hay cifras que dan cuenta del tamaño del esfuerzo: este año, Sembrando Vida intervino 36 mil hectáreas con 75 millones de plantas; en agosto, la Jornada Nacional de Reforestación sumó 6.6 millones de árboles en las 32 entidades. La meta hacia 2030 es alcanzar 1,500 millones de plantas, árboles y semillas. Son números nacionales, pero en Cuernavaca tienen una traducción muy concreta: hablar de bosques es, necesariamente, hablar de agua.
Para entender esa relación basta subir al norte de la ciudad, a San Lorenzo Chiamilpan. Detrás de la UAEM se encuentra el Parque Ecoturístico San Lorenzo Chiamilpan, conocido por sus senderos, su ruta de ciclismo de montaña y por las familias que lo visitan los fines de semana. Lo que quizá no todos saben es que ese bosque forma parte del Corredor Biológico Chichinautzin, un área natural protegida por decreto federal desde 1988 y fundamental para la recarga de los acuíferos de los que depende Cuernavaca.
El suelo volcánico de esta zona permite infiltrar hasta 70% del agua de lluvia. Buena parte del agua que cae en Chiamilpan se filtra, atraviesa las capas de roca y contribuye a recargar el acuífero del valle de Cuernavaca. Por eso, el abastecimiento de agua de una ciudad como la nuestra no empieza en una tubería ni en el momento en que se perfora un pozo. Empieza mucho antes, en las zonas donde la lluvia encuentra suelo suficiente para infiltrarse. El agua que llega a una colonia del sur puede haber iniciado su recorrido muchos kilómetros antes, en los bosques del norte.
Por eso la agenda ambiental que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum tiene una relación directa con nuestra ciudad. El cuidado de la naturaleza no puede separarse del bienestar de las personas cuando de esos ecosistemas depende un recurso tan elemental como el agua. En Morelos, la gobernadora Margarita González Saravia llevó la Jornada Nacional de Reforestación al Bosque de Agua, en Huitzilac. Este año se han plantado 160 mil árboles y suman más de 282 mil en lo que va de su administración, con la meta de superar el millón.
En una ciudad como Cuernavaca, el reto también pasa por comprender que el bosque, las barrancas y la zona urbana forman parte del mismo sistema. Las barrancas que nacen en el norte y atraviesan la ciudad conducen el agua de lluvia, ayudan a regular la temperatura y forman parte del equilibrio ambiental que durante décadas distinguió a Cuernavaca. Lo que ocurre en las zonas altas termina teniendo consecuencias en el resto de la ciudad, aunque muchas veces esas consecuencias tarden años en hacerse visibles.
Lo mismo sucede con la reforestación. Sembrar un árbol es apenas el comienzo, porque el verdadero resultado depende de que ese árbol sobreviva, crezca y cumpla su función dentro del ecosistema. Para conseguirlo hacen falta seguimiento, vigilancia y comunidades involucradas en el cuidado de su territorio. Las familias de Chiamilpan, Ocotepec, Ahuatepec y Santa María Ahuacatitlán lo saben bien porque han convivido durante generaciones con estos bosques y conocen su importancia mucho antes de que aparecieran en cualquier programa gubernamental.
Ese vínculo debería importarnos también a quienes vivimos lejos de la zona norte. Cada mañana, miles de personas abren una llave en alguna colonia de Cuernavaca sin preguntarse dónde comenzó el recorrido de esa agua. Entenderlo cambia nuestra manera de mirar el territorio: proteger Chiamilpan no significa solamente conservar un bosque, sino cuidar una parte fundamental del sistema natural que permite que la ciudad tenga agua.
Por eso, cuando hablamos de reforestación, áreas naturales protegidas o conservación de barrancas, no estamos hablando de una agenda distante de la vida cotidiana. Estamos hablando del futuro hídrico de Cuernavaca y de una relación que a veces perdemos de vista: allá arriba, entre pinos, roca volcánica y barrancas, comienza el flujo de agua que mañana necesitaremos en el resto de la ciudad.
Y si junto con la reforestación, se impulsan proyectos exitosos como el del parque ecoturistico de Chiamilpan, que en su aprovechamiento impulsan la conservación, entonces la agenda ambiental se redimensiona de la mano de las comunidades que conviven directamente con nuestras cada vez más presionadas áreas naturales.
* Javier Bolaños es egresado del Instituto Politécnico Nacional, con larga trayectoria en la función pública y experto en gestión hídrica.