Premoniciones de la debacle
La apertura de la convocatoria en Morena es un momento importante y una gran oportunidad para participar, expresar nuestras aspiraciones y, sobre todo, reflexionar sobre la responsabilidad que implica pertenecer a un proyecto político que ha cambiado la vida pública de México y que puede llegar a Cuernavaca.
Participar en Morena significa compartir una historia, unos principios y una manera de entender el ejercicio del poder. Este movimiento nació después de años de organización, de luchas sociales y del esfuerzo de miles de personas que recorrieron comunidades, organizaron asambleas y defendieron la posibilidad de construir un país distinto. Muchos de ellos estuvieron ahí mucho antes de que Morena llegara al gobierno y siguen trabajando con la misma convicción.
Esa historia es importante porque explica el sentido de nuestra participación. Morena abrió espacios para que personas con trayectorias distintas encontráramos una causa común: combatir la corrupción, recuperar el sentido social del Estado y construir gobiernos comprometidos con el bienestar de las mayorías. Hoy, con la presidenta Claudia Sheinbaum al frente del país, tenemos la responsabilidad de cuidar ese proyecto y contribuir a su continuidad.
Los procesos internos forman parte de la vida de cualquier organización política. Es natural que existan aspiraciones, propuestas y distintas maneras de pensar. La pluralidad ha acompañado a Morena desde sus orígenes y ha sido una de las razones de su crecimiento. Lo importante es que esas diferencias puedan expresarse dentro de reglas conocidas, con respeto entre compañeros y con la disposición de reconocer las decisiones que se tomen.
En Cuernavaca, la apertura de esta nueva etapa nos invita a pensar en la responsabilidad que tenemos con nuestra ciudad y con el movimiento. Durante los últimos meses he tenido la oportunidad de conversar con militantes, simpatizantes y habitantes de distintas comunidades. En esos encuentros he encontrado preocupación por los problemas cotidianos, pero también una enorme disposición para participar y contribuir a mejorar las condiciones de nuestra capital.
Esas conversaciones recuerdan algo fundamental: Un gran proyecto político debe tener una base social que tiene que ser escuchada y tomada en cuenta. Hay mujeres y hombres que dedican tiempo a organizarse, que conocen las necesidades de sus colonias y que han luchado por resolverlas. Su participación debe seguir siendo parte central de cualquier proceso de organización.
Por eso considero que una aspiración política debe asumirse con seriedad. Participar exige conocer las reglas, respetar a los demás y tener claridad sobre las responsabilidades que se buscan asumir. También exige entender que ninguna trayectoria individual explica por sí sola la fuerza de un movimiento construido por tantas personas.
La unidad de Morena requiere trabajo político, diálogo y respeto a su militancia. Se fortalece cuando existen condiciones para participar, cuando las diferencias se procesan con responsabilidad y cuando los resultados son reconocidos por quienes forman parte del proceso.
En esta nueva etapa, vale la pena recordar que es una gran fortaleza mantenernos unidos. Las convocatorias abren oportunidades de participación, pero el compromiso con la transformación permanece más allá de cualquier definición interna.
La militancia adquiere sentido en la constancia, en el respeto a los principios y en la responsabilidad de seguir trabajando por un proyecto colectivo.
*Javier Bolaños es egresado del Instituto Politécnico Nacional, con larga trayectoria en la función pública y experto en gestión hídrica.




