Las Batallas
La empatía suele entenderse solo como una cualidad personal: hay personas empáticas y personas que no lo son. Pero la empatía tiene una historia; está anclada con algo fundamental para nuestra especie y su evolución: haber aprendido a sobrevivir viviendo con los(as) demás.
Desde una perspectiva evolutiva, tuvimos que desarrollar capacidades para reconocer emociones y necesidades de otros(as) para poder vivir en grupo. El primatólogo neerlandés Frans de Waal mostró que conductas asociadas con la empatía, tales como el consuelo, la cooperación o la respuesta ante el sufrimiento, no son solo humanas y pueden observarse en otros primates. Percibir el miedo, el dolor o la angustia de otros(as) y responder ante ello favoreció la supervivencia de especies profundamente sociales como la nuestra.
Por su parte, las neurociencias también explican la empatía. Investigaciones como las de psicóloga Tania Singer han estudiado cómo la experiencia del dolor ajeno involucra ciertossistemas cerebrales relacionados con nuestra propia experiencia afectiva del dolor, de modo que nuestro cerebro tiene mecanismos que nos permiten sentir, de cierta forma, lo que les ocurre a otros. Pero sentir con otros(as) no significa que sintamos lo mismo por todos(as).De hecho, esa misma vida grupal que facilitó la cooperación también estableció distinciones entre quienes pertenecen al grupo y quienes no. De modo que no solo podemos sentir empatía, sino que la sentimos con ciertas personas y bajo determinadas condiciones.
Aquí se suma otra disciplina: la sociología. Nuestros cerebros existen dentro de sociedades que clasifican personas, pertenencias-exclusiones y producen jerarquías. Aprendemos quién se parece a “nosotros”, en quién se puede confiar, quién representa una amenaza y qué sufrimientos deben conmovernos. Por ello, si bien la empatía es una reacción biológica, está socialmente orientada. Podemos reconocer el sufrimiento ajeno, pero qué tanto nos involucraremos en ello, depende de qué tanto y de qué forma conocemos a esa persona y le adjudicamos valor. ¿Es víctima o culpable? ¿Es alguien como yo o alguien a quien considero inferior, alguien a quien temo, alguien a quien considero una amenaza? ¿Considero legítimo su sufrimiento? No todos los sufrimientos consiguen hacerse visibles. Así mismo, la cantidad de historias de dolor ajeno ha hecho que éste se normalice tras las pantallas, mostrando que una mayor exposición no significa necesariamente mayor empatía. Antes de sentir empatía ya existe un mundo social que nos ha marcado direcciones de hacia dónde y cómo mirar.
La empatía tiene una historia evolutiva y una base biológica, pero también se organiza cultural y políticamente. Evolucionamos sintiendo con otros(as) porque nos necesitábamos para sobrevivir. El desafío de las sociedades complejas es hacer que una capacidad evolutiva no se limite a quienes reconocemos como parte de nuestro propio grupo.