Las Batallas
Los días 24 y 25 de agosto de 2026 se llevó a cabo en Guadalajara, Jalisco, el 4º Encuentro Nacional de Cuidados, un espacio que desde 2023 ha reunido a organizaciones de la sociedad civil, academia, feministas, funcionariado público, sindicatos y colectivas para discutir sobre la situación de los cuidados (principalmente en México, pero también en la región), incluyendo los avances y desafíos de la agenda de cuidados.
Es la primera vez que asisto y, aunque no tengo punto de comparación, hay datos muy puntuales que hicieron de este encuentro algo particularmente significativo. Por primera vez, el Encuentro salió de la Ciudad de México. Con la anfitrionía del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Guadalajara (STAUdeG), tuvo como sede el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA) de la UdeG. El cambio de territorio no fue solamente geográfico ni se explica solo por la voluntad política del STAUdeG. De alguna manera, también fue un mensaje: la agenda de cuidados no puede pensarse solo desde el centro hacia las periferias, sino que necesita construirse desde los territorios, desde su diversidad; un mensaje claro respecto a que la agenda de cuidados es así, en plural.
El Encuentro es, por sí mismo, parte de un proceso más amplio que ha ido ganando fuerza teniendo como horizonte un Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados para México y la región. Sin embargo, en este Encuentro no pudo obviarse el retorno de la derecha en América Latina. Hubo que reconocer de forma clara y fuerte que en el andar se puede retroceder, que los derechos también se tienen que cuidar.
Otra diferencia respecto a otros años, es que para ampliar el público y los abordajes, se organizaron diversas mesas y talleres. Esto permitió enfocar más la mirada. Claro, la única desventaja es no tener el don de la ubicuidad para escuchar todo y a todas. No obstante, lo que pude escuchar directamente y lo que pude leer en la totalidad del Encuentro (como si éste por sí mismo fuese un texto y cada asistente se vistiera de argumentos) me dejó bastante. Por un lado, decir que los cuidados no estaban solo en el título del encuentro; estaban también en la manera de encontrarnos. Y es que, si bien hablar de cuidados como una categoría académica, como un problema de política pública o como un pendiente legislativo es totalmente legítimo y necesario, reducir los cuidados a alguno de esos campos corre el riesgo de invisibilizar algo esencial: los cuidados son una forma de organizar la vida social.
Por eso me resultó particularmente significativo que en este Encuentro los cuidados no aparecieran solamente como objeto de discusión. Estaban en los talleres, en las conversaciones, en la disposición de los espacios, en la comida… Quedó claro que los cuidados se hacen, los hacemos (o no). Y aun así, siempre es perfectible porque sí, la exclusión y la desigualdad son sistema y si no reparamos en ello, es sumamente fácil actuar el sistema, ser el sistema. Es tan fácil destruir(nos). Cuidar, entonces, también es prevenir la violencia en sus múltiples formas.
Por ello, los cuidados representan un cambio civilizatorio. Poner la vida en el centro significa cuestionar un sistema obsesionado con la productividad, la acumulación y el crecimiento económico que enriquece asquerosamente al 1% de la población, aun cuando estos procesos desgastan los cuerpos, territorios y el planeta en su conjunto. Los cuidados son una coordenada desde donde situarse en el mundo. Pero es una coordenada que, como tal, no existe en el mapa: se construye en la batalla cotidiana para desterrar la destrucción como elemento intrínseco de nuestras relaciones.