Bajo el volcán: Demasiado al norte
XOCHICALCO, Mor. – A más de seis décadas del crimen que sacudió los cimientos del agrarismo en el centro del país, comunidades agrarias, colectivos sociales y defensores de los derechos humanos se congregaron este fin de semana en territorio morelense para conmemorar el 64 aniversario luctuoso del líder revolucionario Rubén Jaramillo Ménez, su esposa Epifanía Zúñiga y sus tres hijos adoptivos (Ricardo, Enrique y Filemón), ejecutados en un crimen de Estado cometido el 23 de mayo de 1962.
Las jornadas de memoria histórica se dividieron en dos de los epicentros de resistencia jaramillista más significativos de la entidad: las inmediaciones de la zona arqueológica de Xochicalco —lugar exacto del multihomicidio perpetrado por destacamentos del Ejército Mexicano— y la emblemática colonia popular Rubén Jaramillo, en el municipio de Temixco.
Durante la mañana del sábado, integrantes del Movimiento Campesino Siglo XXI (MCSXXI) se concentraron a las faldas del cerro de Xochicalco para rendir un homenaje político y cultural. El acto estuvo presidido por el activista Emilio Plutarco García Jiménez, quien en su intervención subrayó que la figura de Jaramillo trascendió el ámbito de las armas y la movilización agraria, destacando su faceta como un pensador autodidacta y prolífico escritor.
"La idea central es recordar y no olvidar su ejemplo. El compromiso es abrazar las enseñanzas de Rubén Jaramillo y, con ese mismo referente histórico, participar de manera activa en las nuevas y actuales jornadas de la lucha social en Morelos", manifestaron los integrantes del movimiento agrarista.
La conmemoración civil fue amenizada por la participación musical de trovadores locales y agrupaciones como el colectivo "No Son" y el activista "El Churro", quienes recordaron a través de la música popular el corrido jaramillista y las consignas de libertad de los pueblos.
De forma paralela, las actividades conmemorativas hicieron eco en la colonia popular Rubén Jaramillo, en Temixco, un asentamiento fundado en la década de los setenta por el líder guerrillero y seguidor del jaramillismo, Florencio "El Güero" Medrano. En este espacio urbano, que nació bajo los principios de la toma de tierras y la autogestión para familias desplazadas y campesinas, las y los habitantes recordaron que la memoria del dirigente sigue viva en la traza y los servicios que los propios colonos conquistaron.
Los testimonios recogidos en la zona, entre ellos los de la activista Lorena Bahena, recordaron que el trágico fin de la familia Jaramillo representó un golpe estructural del régimen del entonces presidente Adolfo López Mateos, que buscaba desarticular los focos de insurrección legal y pacífica que el líder agrario encabezaba mediante solicitudes formales de dotación de ejidos y el funcionamiento del Ingenio Azucarero de Zacatepec.
Rubén Jaramillo Ménez nació en Zacaltizapán en 1900 y, siendo apenas un adolescente, se incorporó a las filas del Ejército Libertador del Sur bajo las órdenes directas del general Emiliano Zapata, firmando y defendiendo el Plan de Ayala. Tras la conclusión de la Revolución, Jaramillo entendió que la lucha por la tierra requería nuevos frentes, por lo que organizó a los productores de caña de Morelos y promovió la creación del Ingenio de Zacatepec para rescatar la economía campesina.
Sin embargo, ante el hostigamiento gubernamental, el despojo de tierras comunales para dar paso a desarrollos turísticos y agroindustriales, y la cerrazón política, Jaramillo se vio obligado a levantarse en armas en tres ocasiones en las montañas de Morelos y Puebla bajo el lema "Tierra y Libertad", publicando el Plan de Cerro Prieto.
A pesar de haber recibido una amnistía presidencial, la tarde del 23 de mayo de 1962, un comando mixto integrado por militares vestidos de civil y policías judiciales lo cercó en su domicilio de Tlaquiltenango. La familia completa fue secuestrada y trasladada en vehículos oficiales hasta las ruinas de Xochicalco, donde fueron fusilados con armas de cargo. Sesenta y cuatro años después, la consigna del campesinado morelense sigue siendo la misma: la figura de Jaramillo no pertenece al bronce oficial, sino a las demandas inacabadas de la justicia social comunitaria.