Bajo el volcán: Demasiado al norte
Hace unos años, a través de un podcast, conocí al periodista, documentalista y escritor vasco Jon Sistiaga. En éste contó un poco de su gran trayectoria. Me maravilló cuando habló de una entrevista que realizó en Colombia a Luis Alfredo Garavito (ya fallecido), uno de los mayores asesinos en serie de la historia. Lo más aterrador del caso es que sus víctimas eran niños, alrededor de 220 crímenes comprobados, se estima que el número fue mucho mayor.
En el podcast, Sistiaga habla con gran elocuencia y comenta que en esa ocasión se enfrentó al mal encarnado; describe al colombiano como un ser vil, despiadado, frío, calculador y perverso. Sistiaga ha cubierto distintas guerras como reportero, imaginemos lo que sintió para decir que nunca había experimentado una sensación de tal magnitud al tener al criminal de frente.
Me atrapó la simpatía, inteligencia y agilidad mental del nacido en Irún, País Vasco en 1967. Además de hablar de distintas anécdotas y su entrevista con Garavito; en dicho Podcast también presentó su primera novela, Purgatorio.

Purgatorio es un thriller psicológico magnético, donde el autor vuelca toda su experiencia como reportero de conflictos bélicos para adentrarse en la herida más profunda de su propia tierra.
La historia arranca con un hecho brutal del pasado. Treinta y cinco años después de un secuestro y asesinato que conmocionó a la sociedad vasca, un hombre atormentado que perteneció a la organización terrorista (ETA) decide romper el silencio de décadas para confesar dónde enterró el cuerpo de su víctima. El asesino tiene una condición innegociable: que el comisario del caso confiese que fue un torturador feroz.
A partir de ese tenso reencuentro entre el verdugo arrepentido y el torturador, la novela se transforma en una carrera a contrarreloj llena de suspenso, secretos y giros inesperados.
Sistiaga no busca juzgar, sino atrapar al lector en una atmósfera donde el verdadero misterio no es sólo descubrir qué pasó, sino averiguar si es posible limpiar la culpa y encontrar la paz.
Somos los libros que leemos…
JL Hernández