Bajo el volcán: Demasiado al norte
Viviendo en Barcelona, hablando de literatura con españoles y latinoamericanos, casi siempre me recomendaban al escritor chileno Roberto Bolaño. Así comenzó mi interés por quien hoy en día es un novelista de culto. Me sugirieron no empezar por Los detectives salvajes o 2666, dos de sus obras cumbres, comencé por La pista de hielo.
La vida de Roberto Bolaño fue como una de sus novelas: errante, nocturna y marcada por un romanticismo trágico. Nacido en Santiago de Chile en 1953, pasó una infancia nómada recorriendo distintos lugares debido a los constantes cambios de trabajo de su padre.
Cuando tenía quince años, su familia se trasladó a la Ciudad de México. Fue en las calles del centro histórico de la capital mexicana donde el joven chileno decidió abandonar la escuela para entregarse por completo a la lectura y la escritura.
Años después, el desencanto político latinoamericano de la época lo llevó a emigrar a Europa a finales de los años setenta, con el tiempo se instalaría definitivamente en Cataluña.
Los primeros años de Bolaño en Europa estuvieron muy lejos del reconocimiento literario. Durante casi dos décadas sobrevivió en oficios deprimentes: fue vigilante nocturno en un camping, recolector de basura, lavaplatos y vendedor de bisutería. Durante el día dormía unas horas y dedicaba las noches a escribir de forma obsesiva.

La pista de hielo, publicada en 1993, es una de las primeras incursiones de Roberto Bolaño en la novela, tras años de dedicación casi exclusiva a la poesía.
La trama se sitúa en un pueblo ficticio de la Costa Brava catalana durante un verano, que se ve sacudido por un asesinato ocurrido en una pista de hielo clandestina. La historia se reconstruye a través de los testimonios de tres personajes que orbitan alrededor del crimen.
El primero es Gaspar, un joven que sueña con ser escritor y trabaja como vigilante. El segundo es Remo, un chileno que administra un camping costero. Y el tercero es Enric, un político catalán que ha malversado fondos públicos para construir una pista de hielo por amor hacia una joven patinadora.
Bolaño utiliza el asesinato como pretexto para hablar de la marginalidad, la extranjería y el fracaso existencial. Los personajes principales son un reflejo del propio autor, narrando su experiencia como inmigrante en España realizando oficios precarios mientras se aferraba a la literatura como único salvavidas.
La novela sigue siendo una de mis favoritas por la manera en que uno como lector va descubriendo los secretos y ambiciones de los personajes.
La pista de hielo es la excusa perfecta para entrar al universo de Bolaño. Me sirvió como el mejor entrenamiento para leer, posteriormente, Los detectives salvajes y 2666.
Somos los libros que leemos…