Bajo el volcán: Demasiado al norte
Mi primer acercamiento al Premio Alfaguara fue en el año 2008 cuando me recomendaron Diablo guardián del escritor mexicano Xavier Velasco que recibió el galardón en el año 2003. En el año 2011 quedé cautivado por El ruido de las cosas al caer, novela ganadora en ese mismo año, del colombiano Juan Gabriel Vázquez.
He tenido la oportunidad de leer todos los Premios Alfaguara, desde su relanzamiento en 1998. El premio es garantía de una gran calidad literaria. Cada año espero con ansias la novela ganadora para después leerla con entusiasmo.
El premio fue fundado en 1965 por el escritor Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura en 1989. Su intención al crear el galardón era impulsar la narrativa en España. Sin embargo, su verdadera revolución cultural comenzó en 1998, cuando la editorial relanzó el certamen con una vocación internacional.
Autores de la talla de Sergio Ramírez, Elena Poniatowska, Tomás Eloy Martínez, Xavier Velasco, Laura Restrepo, Santiago Roncagliolo, Jorge Volpi y más recientemente David Toscana han sido algunos de los escritores ganadores del Premio. Dichas voces han sido fundamentales para entender la identidad hispanoamericana actual.
El ejército ciego del mexicano David Toscana fue la novela ganadora del Premio Alfaguara 2026.

La novela toma un hecho histórico espeluznante del año 1014 cuando 15,000 búlgaros fueron cegados por el emperador bizantino Basilio II. Toscana transforma lo sucedido en un mito universal sobre los vencidos.
Un escriba ciego reinventa la historia real, demostrando que la imaginación y el humor son el arma definitiva contra la humillación. El autor contrapone de manera magistral la oscuridad física de sus personajes con una narrativa lírica, sensorial y profundamente conmovedora.
El ejército ciego es un recordatorio feroz de que la verdadera literatura no la escriben los vencedores, sino quienes sobreviven para contar el trauma.
Recomiendo ampliamente la novela porque es una lectura fascinante y adictiva. Nos recuerda que cuando se pierde la luz del mundo, sólo la memoria y la ficción pueden salvarnos de las tinieblas absolutas.
Somos los libros que leemos…




