Las Batallas
Quienes tejen saben que la calidad de una tela no depende de una sola hebra. Depende de la tensión correcta, del patrón que se respeta, de la constancia con que cada hilo encuentra su lugar. La iniciativa de cooperativas textiles para 100 mujeres privadas de la libertad, impulsada por los gobiernos federal y estatal, opera bajo esa misma lógica: cada hilo bien tejido es un derecho defendido y cada hilo roto, una vulneración que no podemos permitir. Desde la CDHM, acompañamos estas acciones con escrutinio independiente, asegurando que el trabajo dignifique sin vulnerar derechos.
Este tipo de iniciativa no es nueva en el derecho internacional. Las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de las Personas Privadas de la Libertad (PPL) —conocidas como Reglas Nelson Mandela— establecen en su Regla 96 que el trabajo penitenciario debe ser productivo, remunerado justamente y orientado a la reinserción social efectiva.
Las Reglas de Bangkok, adoptadas por la ONU en 2010 específicamente para mujeres privadas de la libertad, van más lejos: exigen que los programas de trabajo consideren las responsabilidades de cuidado, la autonomía económica posterior a la liberación y el fortalecimiento del vínculo familiar como indicadores de éxito.
Morelos, con esta iniciativa, comienza a hablar el idioma que el sistema internacional de derechos humanos lleva décadas exigiendo.
Esta iniciativa no llega sola. Encuentra respaldo directo en compromisos que construimos con la población.
La línea de acción I.8 de la Agenda de Derechos Humanos Morelos 2025-2028 exige impulsar programas de capacitación y empleo para mujeres en situación de vulnerabilidad que generen autonomía económica real. La línea I.15 nos compromete a promover enfoques diferenciados con perspectiva de género en los procesos penitenciarios. Y la acción institucional prioritaria número 9 es clara: mejorar las condiciones de los Centros de Reinserción Social y garantizar los derechos humanos de las personas privadas de la libertad, sin excepciones.
Las cooperativas que confeccionarán prendas para IMSS-Bienestar, generando ingresos para las participantes y sus familias, son exactamente el tipo de política que nuestra Agenda anticipó. El trabajo digno dentro de centros penitenciarios no es un beneficio. Es un derecho.
Cien mujeres con acceso a trabajo remunerado, capacitación técnica transferible y posibilidad de abonar al cumplimiento de su pena construyen algo que ninguna celda vacía produce: un proyecto de vida. Sus familias reciben respaldo económico y la comunidad recibe, eventualmente, una persona con habilidades y dignidad restaurada.
Asimismo, el traslado anunciado desde Atlacholoaya hacia un centro femenil con mejores condiciones de alimentación, trabajo y estancia, es el hilo estructural que sostiene todo lo demás y refuerza lo dicho, que, sin entorno digno, ningún programa laboral alcanza su potencial completo, con él, cada prenda confeccionada lleva cosido algo que ninguna máquina produce sola: la posibilidad real de un futuro distinto.
El telar de la justicia puede convertirse en instrumento de opresión si el hilo es frágil. Por eso, desde la CDHM identificamos al menos dos condiciones no negociables para que este programa respete los derechos humanos de las participantes.
Primera: voluntariedad real y documentada. La participación debe ser libre, sin que la negativa implique consecuencias en el trato institucional, el acceso a beneficios o la evaluación conductual de las internas.
Segunda: remuneración justa y directa. Los ingresos deben llegar íntegramente a las mujeres y sus familias, sin descuentos arbitrarios ni intermediaciones opacas, en cumplimiento del artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ratificado por México.
La CDHM mantendrá vigilancia permanente de cada etapa de estas acciones anunciadas y transparentará todo hallazgo teniendo como premisa que cada hilo bien tejido merece reconocimiento, pero también, cada hilo roto, corrección inmediata.
Morelos puede convertirse en modelo nacional de derechos humanos en prisiones. Pero los modelos no se decretan: se construyen puntada a puntada, con rigor, con transparencia y con las mujeres privadas de la libertad en el centro, no como herramienta productiva, sino como titulares de derechos.
Un telar que teje justicia no deja hilos sueltos. En Morelos, los derechos no tienen muros: todos los derechos para todas las personas.
* Nadxeellii Carranco Lechuga es presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Morelos.