A 100 días de haber tomado posesión el Gobierno de Morelos, ya se permite dibujar la forma por la que se conduce esta nueva administración. El Gobierno que encabezan Cuauhtémoc Blanco y José Manuel Sanz, producto del impulso de López Obrador en Morelos y de MORENA, le permitió una importante legitimidad política, que en buena medida, el resultado que se dio, ni ellos lo esperaban.

A diferencia de anteriores elecciones, la participación ciudadana fue histórica e importante; en este escenario, y al paso de los meses y las semanas, los morelenses perciben a un gobernador ausente, que no parece entender la exigencia ciudadana de actuar con rapidez en respuesta a sus demandas.

Todo esto, hace suponer que Blanco y Sanz se prepararon para ganar la elección, pero al término de ello, han abierto un enorme vacío donde perdieron el rumbo. Sí, pudieron haber ganado la Presidencia Municipal de Cuernavaca con pocos o nulos resultados, (una votación muy baja), y no conforme con ello, se beneficiaron más del Ayuntamiento de Cuernavaca, que lo que ellos hicieron por la ciudad. Lo que querían ver los ciudadanos eran obras nuevas y una mejora de la calidad en los servicios públicos, pero contrario a esto, la queja fue permanente: que “no lo dejaban trabajar”. Posteriormente, Blanco deja la Presidencia Municipal, se va a campaña como candidato a Gobernador, y asume la conducción del municipio la síndico Denisse Villanueva, ante una molestia permanente de él y de Sanz al no ser ella una integrante incondicional de su grupo. 

Lo que no parecía congruente, era que después de haber ganado la gubernatura y ponerse a organizar su administración, regresara al Ayuntamiento Municipal de Cuernavaca, y desde ahí, inició toda una lucha para la entrega-recepción del Gobierno del Estado. Al asumir el cargo como gobernador, Blanco impone a su incondicional Juan Manuel Hernández Limonchi, quien se convierte en una extensión de las decisiones de este binomio, sujeto solamente a recibir instrucciones. Todo este escenario de pugnas, de altas-bajas, de autoridades municipales, rezagó más la ciudad, agudizó la inseguridad y la mala calidad de sus servicios básicos, como la escasez de agua, la recolección de basura, la pavimentación, entre otros. Tenemos memoria, y a nadie escapa el importante número de funcionarios que, sin importar el gasto del erario público, desde el Ayuntamiento de Cuernavaca se fueron a campaña con Cuauhtémoc Blanco, de ahí su necesidad de no perder la administración municipal, lo que le llevó a un choque, que como es su costumbre, trató de maniobrar con la Ley, pero al final, dio cuenta que no pudo doblegar a los cuernavacenses. Este fue un claro mensaje de los habitantes de Cuernavaca hacia él, a través de sus diferentes liderazgos que le perdieron la confianza. Blanco se ha quedado sin base social en la ciudad, esa que le dio todo, y por la que no hizo nada.

El discurso y las ofertas de campaña de Cuauhtémoc Blanco para ganar la simpatía ciudadana, fue más incentivando al odio y la molestia social, y a la fecha, ninguna ha podido ser cumplida. Todavía más aún, ha abierto distintos frentes con diferentes corrientes políticas, empezando por MORENA, el Partido el cual regatea, el cual realmente lo hizo triunfar. Para ser claros: cualquiera que hubiera sido candidata o candidato de MORENA a la gubernatura hubiese ganado, no es un mérito del futbolista.

Hoy el Congreso Local, la Fiscalía, Partidos, algunos Presidentes Municipales, recelan de Cuauhtémoc Blanco, no confían en él, es decir, ya no le compran sus bravuconadas ni sus amenazas, ni el otro extremo que era victimizarse. A Cuauhtémoc Blanco le urge que le hagan un profundo análisis de sencillez (que no la tiene), y de quitarse la soberbia (que va a ser difícil). Este señor, debe replantearse para que ganó la gubernatura de Morelos, y sobre todo, si realmente le interesa gobernar.