Tecnología Pop: TikTok
Zenón Juárez Hernández era, en apariencia, un actor político local: presidente del Comité Municipal del PRI en Tetecala y director de Agua Potable. Pero su asesinato la noche del 18 de septiembre revela algo más profundo: la política municipal en Morelos se ha convertido en un territorio donde la violencia ya no es un riesgo, sino una certeza. Zenón es el primer actor político asesinado en el proceso electoral 2026–2027, y su muerte ocurre en una región donde la línea entre crimen y poder se ha vuelto peligrosamente delgada.
El ataque fue directo, violento, frontal. Hombres armados irrumpieron en la vivienda donde se encontraba, en la calle Abasolo, colonia Centro de Tetecala. Dispararon contra quienes estaban ahí. Una persona murió en el sitio. Zenón fue trasladado al Hospital General “Dr. Rodolfo Becerril de la Paz”, donde falleció por las heridas. Otro acompañante también murió mientras era atendido. No hubo advertencia, no hubo negociación, no hubo margen de reacción. Fue una ejecución dentro de un domicilio, en un municipio que desde hace meses vive bajo la sombra de células criminales que disputan territorio, rentas y control político.
La Fiscalía de Morelos procesó dos escenas —la casa y el hospital— y mantiene todas las líneas de investigación abiertas. No hay detenidos. No hay móvil confirmado. No hay responsables identificados públicamente. Lo que sí hay es un patrón: Tetecala forma parte del corredor surponiente donde la violencia política ha aumentado. Apenas 25 días antes fue asesinado Víctor Manuel Amado de León, dirigente del partido PAZ en Coatlán del Río. La región enfrenta homicidios, extorsión y presencia de grupos criminales que operan con libertad y que han encontrado en los municipios un espacio para capturar estructuras, intimidar liderazgos y moldear la vida pública a su conveniencia.
El PRI reaccionó con dureza: exigió investigación seria, transparente y castigo para los responsables. Señaló que la violencia en Morelos exige resultados concretos y garantías de seguridad para actores políticos. Pero la exigencia del partido también revela una contradicción: los municipios de Morelos se han convertido en zonas donde la política local se ejerce con miedo, donde los liderazgos comunitarios son vulnerables y donde la autoridad municipal —en muchos casos— está rebasada o infiltrada.
Zenón Juárez no era un personaje nacional, pero su asesinato sí tiene implicaciones nacionales. Ocurre en pleno proceso electoral. Ocurre en una región donde la gobernabilidad está fracturada. Ocurre en un estado donde alcaldes, exalcaldes y funcionarios han sido detenidos por presuntos vínculos criminales. Ocurre en un momento en que la violencia política se ha vuelto un indicador del deterioro institucional.
La pregunta que flota en Tetecala es la misma que se escucha en otros municipios de Morelos: ¿qué tan profundo es el control criminal en la región? La Fiscalía no ha descartado ninguna línea: motivación política, disputa criminal, conflicto local, represalia. Pero la ausencia de detenidos y la falta de claridad sobre el móvil alimentan la percepción de que el Estado llega tarde, llega poco o llega fragmentado.
Zenón Juárez era un dirigente local, un actor comunitario, un hombre que representaba a un partido en un municipio pequeño. Su asesinato no solo es una tragedia personal y familiar; es un mensaje. Un recordatorio de que la violencia en Morelos ya no distingue entre ciudadanos y políticos, entre líderes y vecinos, entre vida pública y vida privada.
Tetecala amaneció con miedo. El PRI exige justicia. La Fiscalía investiga. El gobierno estatal promete resultados. Pero la región sigue bajo la presión de grupos criminales que han aprendido a operar en silencio, a infiltrar estructuras y a imponer reglas.
La muerte de Zenón Juárez Hernández es un síntoma de un problema mayor: la política municipal se ha vuelto un territorio de riesgo extremo. Y mientras no se esclarezca el caso, mientras no haya responsables detenidos, mientras no se recupere la gobernabilidad en el surponiente, la pregunta seguirá siendo la misma: ¿qué tipo de estrategia se necesita para hacerse otra vez con el control de los municipios?




