Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
El aumento de la tarifa mínima —de 10 a 13 pesos a partir del 1 de julio— ya es prácticamente un hecho, aunque condicionado. Y como siempre, el discurso oficial vino cargado de palabras grandes: modernización, dignidad, tecnología, electromovilidad, derechos, humanismo.
Pero en Morelos, cuando se habla de transporte público, la pregunta nunca es qué se promete. La pregunta es quién cumple. Porque los concesionarios —los ruteros— tienen una larga historia de ganar primero y cumplir después… o nunca.
En una entrevista que tuvimos ayer con Jorge Barrera Toledo, coordinador de Movilidad y Transporte, se deja claro que el gobierno sabe que el sistema está roto:
Y aun así, el aumento ya está autorizado. El resto —la modernización, la sustitución de unidades, la telemetría, la videovigilancia, la capacitación, la ruta empresa— está condicionado, prometido, planeado, proyectado. Pero no cumplido.
El programa de gratuidad para adultos mayores, personas con discapacidad y estudiantes de educación media superior y superior es, en papel, un avance histórico. Todavía no tenemos las reglas de operación. Serán anunciadas el próximo lunes 18 de mayo.
La gratuidad dependerá de:
Todo eso no existe hoy. Las autoridades de Transportes y de la Secretaría del Bienestar, e incluso la Agencia de Transformación Digital, tendrán que trabajar a marchas forzadas para lograr que esto exista en menos de dos meses.
El coordinador dice que todas las unidades fuera de norma dejarán de circular antes de que termine la administración.
Suena bien. Pero aquí está el problema:
Y la frase “la unidad no circulará” ya la hemos escuchado antes. En 2008, 2013, 2016, 2019, 2022. Siempre con el mismo resultado: circulan. Ojalá haya ahora las condiciones para obligarlos, es nuestra esperanza y al mismo tiempo anhelo.
Barrera Toledo promete que el Estado tendrá, por primera vez, control real sobre:
Eso requiere:
Hoy no existe eso. Y si no existe, no se puede supervisar. Y si no se supervisa, no se puede sancionar. Y si no se sanciona, los ruteros no cumplen. Tienen mucho trabajo.
Aquí está la corrección clave:
El modelo Ruta‑Empresa no es una promesa vieja ni un compromiso incumplido. Es nuevo, posible solo gracias a la reciente reforma a la Ley de Transporte.
Es, en teoría, el mecanismo para:
Pero también es el modelo que más resistencia generará, porque toca el corazón del negocio de los concesionarios:
La pregunta no es si el modelo es bueno. La pregunta es si los ruteros lo permitirán.
Y si el gobierno tendrá la fuerza para imponerlo.
El gobierno dice que esta vez es diferente. Que ahora sí habrá:
Pero la historia del transporte en Morelos dice otra cosa:
Y ahora, en 2026, se promete todo al mismo tiempo.
El aumento ya está firmado. La modernización está por verse. El cumplimiento es una promesa que depende de muchas condiciones y circunstancias, ojalá dependiera menos de la suerte y más de la acción de las personas.




