Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
En Morelos, será que la política es un ejercicio de carácter más que administrativo. El operativo Enjambre abrió una puerta que llevaba años cerrada: la del Estado entrando a territorios donde antes solo mandaban los grupos criminales. Y esa puerta, una vez abierta, ya no puede cerrarse sin consecuencias.
Ayer, Leonel Cota Montaño —primer gobernador vinculado a la izquierda en México en la época actual, hombre cercano a López Obrador— lo dijo con claridad: “No es fácil cortar la mala yerba.”
No hablaba en abstracto. Hablaba de Morelos. Estado que conoce bien. Hablaba de lo que está ocurriendo estos días. Hablaba del intento de amedrentar al nuevo gobierno con amenazas directas de cárteles acostumbrados a someter, comprar o desplazar a los gobiernos anteriores.
Y en ese marco, la gobernadora Margarita González Saravia respondió con una frase que, más que declaración, fue una postura: “A mí no me asustan los trancazos.”
La frase de Cota Montaño tiene un peso adicional porque señala, sin decirlo, lo que todos saben:
En ambos casos, el resultado fue el mismo: los grupos criminales crecieron, se expandieron, capturaron municipios, sometieron policías, compraron funcionarios y se instalaron en el territorio.
Morelos llegó a 2024 con bandas que no solo extorsionaban o asesinaban: amenazaban gobiernos.
Eso no ocurre donde el Estado está presente. Ocurre donde el Estado fue expulsado.
Las palabras de Margarita González Saravia no fueron improvisadas. Fueron una respuesta directa a un intento de sometimiento. Dijo:
“A mí no me asustan los trancazos. Soy una mujer que he luchado toda mi vida por el pueblo… no es lo mismo ver al que anda jaripeando desde la barrera que andar montado en el toro.”
La metáfora es precisa: ella está montada en el toro. Y el toro —el crimen organizado— está acostumbrado a que el jinete se caiga, huya o se venda.
Pero esta vez, el jinete no se bajó. Y eso cambia todo.
El operativo Enjambre no fue un gesto. Fue un mensaje:
Y lo más importante: el intento de intimidación al gobierno no funcionó.
La gobernadora no negoció. No cedió. No se escondió. Respondió con presencia institucional, servicios, territorio y detenciones.
Eso, para los grupos criminales, es una provocación. Y para el Estado, es una obligación.
Leonel Cota Montaño no habló como funcionario del campo. Habló como exgobernador, que lo es, sino una figura de su movimiento, como aliado del expresidente, como alguien que entiende lo que significa enfrentar poderes fácticos.
Su frase —“no es fácil cortar la mala yerba”— es un reconocimiento público de que:
El respaldo político es clave porque cortar la mala hierba implica arrancar raíces. Y esas raíces están en municipios, policías, contratos, nóminas y redes que llevan años operando.
La gobernadora dijo que no le teme al enfrentamiento. Pero el enfrentamiento no será solo con grupos criminales. Será con:
Y será también con la reacción del crimen, que aún no comienza.
Por eso, detenerse ahora sería un error histórico. La madeja ya se está jalando. Y si se suelta, el crimen volverá a tejerla.
Morelos está en un punto de quiebre. El Estado comenzó a recuperar territorio. La gobernadora mostró que no se deja intimidar. El gobierno federal envió respaldo político explícito.
Pero cortar la mala hierba no basta. Hay que arrancarla. Y eso exige continuidad, firmeza y voluntad.
La pregunta no es si pueden. Es si van a seguir.




