Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
Hay problemas que, con el paso del tiempo, dejan de sorprender. El alumbrado público es uno de ellos. En Cuernavaca basta recorrer la ciudad al caer la noche para encontrar calles, parques, banquetas y vialidades donde la falta de iluminación ya forma parte del paisaje, incluso en pleno centro, en el primer cuadro de la ciudad; Lo preocupante no es que ocurra sino que haya dejado de llamar la atención de las autoridades.
Un sistema de alumbrado no se mantiene sustituyendo luminarias de manera aislada, funciona cuando existe una red capaz de operar de manera integral: circuitos en buen estado, fotoceldas correctamente calibradas, infraestructura eléctrica confiable, mantenimiento que elimine las causas de las fallas, no únicamente sus efectos y un equipo capaz, responsable y comprometido con la capital. Cuando una luminaria vuelve a apagarse pocos días después de haber sido reparada, es señal de que el problema no es el foco sino el sistema.
Los propios comunicados oficiales dan cuenta de brigadas permanentes que recorren la ciudad para atender reportes y sustituir luminarias. Sin embargo, también muestran la dimensión del reto: entre 30 y 40 luminarias atendidas diariamente en una ciudad con más de 244 colonias. A ese ritmo, el mantenimiento se convierte en un ciclo permanente donde, mientras una zona termina de revisarse, otra vuelve a presentar las mismas fallas.
No sorprende que la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI siga colocando al alumbrado insuficiente entre las principales preocupaciones de los habitantes de Cuernavaca, lo verdaderamente inquietante es que el dato se repita una y otra vez. Cuando un indicador permanece inmóvil durante años, ya no puede explicarse como una circunstancia pasajera sino como falta de eficiencia de quienes tienen la responsabilidad de resolverlo.
Hay, además, otro dato que merece más atención: el registro municipal pasó de contabilizar cerca de 39 mil luminarias a reportar poco más de 32 mil. La diferencia es de siete mil unidades y hasta ahora no existe una explicación pública suficientemente clara sobre si corresponden a equipos retirados, robados o a inconsistencias en el inventario.
Puede parecer un asunto meramente administrativo, pero no lo es. Un inventario es el punto de partida de cualquier estrategia de mantenimiento. Si no existe certeza sobre cuántas luminarias integran la red, difícilmente puede haberla sobre cuántas funcionan, cuántas requieren intervención o cuál es el costo real de conservar el sistema en operación.
Las consecuencias tampoco son menores: Una calle sin iluminación modifica la forma en que una ciudad se vive. Cambian los recorridos de quienes regresan a sus hogares por la noche, aumenta la percepción de inseguridad, disminuye la actividad comercial y se reducen las condiciones para que la comunidad se apropie del espacio público. En otras palabras: la oscuridad de las calles de la ciudad se traduce directamente en modificaciones en la calidad de vida de la gente.
Un error de los gobiernos municipales es medir su desempeño por el volumen de trabajo realizado, pero los ciudadanos lo hacen de una manera mucho más sencilla: si la calle por la que caminan cada noche está iluminada o permanece a oscuras, se traduce en calificar bien o mal el trabajo municipal. Cuando esas dos formas de medir la realidad no coinciden, nos habla de que las obras y el trabajo realizado por las autoridades ha sido insuficiente.
Por eso el dato más importante no es cuántas luminarias se sustituyen cada semana, sino que el alumbrado público siga apareciendo, año tras año, entre los principales problemas de Cuernavaca. La pregunta es inevitable: ¿cómo puede una ciudad convivir durante tanto tiempo con el mismo diagnóstico sin modificar el resultado? Mientras la oscuridad siga formando parte de la vida cotidiana, ningún reporte de mantenimiento será suficiente para convencer a la ciudadanía de que el problema quedó atrás.
* Javier Bolaños es egresado del Instituto Politécnico Nacional, con larga trayectoria en la función pública y experto en gestión hídrica.




