Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
El 18 de marzo pasado, fecha trascendente en la memoria histórica de los mexicanos, marcó el inicio de la revisión del T-MEC, sentándose a la mesa los representantes y negociadores de los gobiernos de México y Estados Unidos. Dicha reunión pone en marcha el acuerdo de revisión formal del TMEC que arrancará a partir del 1 de julio de este año.
De acuerdo a sus cláusulas, el TMEC con vigencia desde el 1 de julio de 2020, tiene una temporalidad y se sujeta a revisión y evaluación entre las partes tripartitas que lo conforman. 2026 es el año que define su ratificación, su transformación o, eventualmente, su cancelación. Un escenario deseable es que se extienda por 16 años más, hasta 2042, o su revisión anual hasta su vencimiento original en 2036.
Su extensión por otros 16 años, sería el punto de partida para poder construir en la región un marco de integración económica no solo con certidumbre sino con una visión de mediano y largo plazo, con compromisos y políticas públicas que trasciendan los cambios de gobierno y las turbulencias que propician las coyunturas políticas y electorales.
Es el momento y la exigencia global para nuestra región norteamericana de transitar por un acuerdo que trascienda el ámbito estrictamente comercial, de intercambio de bienes y servicios. Un nuevo acuerdo que reconozca las profundas modificaciones del paradigma de producción que derivó hace unas décadas al concepto de “fábrica mundial” en el que la integración final de un producto que llega al mercado es la suma de partes y componentes provenientes de distintas latitudes geográficas del mundo.
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