Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
Hay un apodo que propios y extraños le pusieron a la ciudad. No lo inventó ningún medio ni algún adversario del gobierno en turno, lo inventó la gente que todos los días sale a la calle, cae en un bache, escucha con coraje como traquetea su automóvil o se revienta la llanta, o salta y rebota en el transporte público, y termina llamando a Cuernavaca de otra manera: "Cuernabaches".
Los apodos suelen exagerar o destacar algún defecto. Este no, este resume un problema que lleva tanto tiempo presente que terminó por incorporarse al lenguaje cotidiano y a la experiencia diaria de toda persona que sale a la calle. Eso, más que darnos risa o sorprendernos por la creatividad de la gente, debería ser suficiente para encender cualquier alerta institucional.
Aquí van algunos datos: la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, publicada en marzo de 2026, coloca los baches en calles y avenidas como el principal problema urbano para el 82.7% de la población en las ciudades del país. En segundo lugar aparece el alumbrado público insuficiente, con 56.3%. Son datos nacionales, pero Cuernavaca no es excepción a ninguno de ellos, y en varios aspectos, los supera.
No se trata de datos excepcionales. Ambas problemáticas aparecen trimestre tras trimestre en la misma encuesta, sin cambios estadísticamente significativos. En el caso de nuestra ciudad, la permanencia de estos resultados debería llamar más la atención que los propios porcentajes. Porque las encuestas pueden confirmar un problema, pero es la ciudad la que lo revela todos los días.
La respuesta oficial de la autoridad municipal también es conocida: Existen programas de bacheo con brigadas que operan en tres turnos, comunicados que documentan intervenciones prácticamente todos los días, un programa de alumbrado que desde 2022 reporta más de 32 mil servicios atendidos e instalación de 18 mil luminarias LED en colonias y avenidas principales. Sin embargo, la gente que transita por las calles cuenta una historia distinta.
Los vecinos de Las Granjas, Vicente Guerrero, Amatitlán, Francisco Villa y muchas otras más lo dicen con todas sus palabras: "Llegan, le echan asfalto, pero es muy poco lo que dura." En colonias como Lomas de la Selva, el material dura menos de dos semanas. Es una queja de la ciudadanía que también exhibe decepción y frustración con sus autoridades, es el diagnóstico exacto de una intervención que no está funcionando. Y para el alumbrado, la lógica es la misma: el propio municipio reconoce que sus brigadas intervienen entre 30 y 40 luminarias por día en una ciudad de 400 colonias, atendiendo fallas que se repiten en los mismos puntos una y otra vez.
Cuando el informe institucional no coincide con lo que viven los ciudadanos todos los días, la credibilidad empieza a tambalearse. Porque gobernar una ciudad no consiste únicamente en informar que "se está haciendo algo", sino en lograr que los problemas dejen de repetirse.
Cuando los mismos baches regresan una y otra vez, la discusión deja de ser sobre el mantenimiento y empieza a ser sobre la eficacia de las intervenciones. Los baches no aparecen por generación espontánea, suelen ser la expresión visible de una infraestructura subterránea deteriorada, donde una tubería reventada, un drenaje colapsado o una red que lleva décadas al límite terminan abriéndose paso hasta la superficie. Tapar el bache sin atender lo que hay debajo no es mantenimiento, es simplemente aplazar el problema a costa del erario. Lo mismo ocurre con la luminaria que se repone sin corregir el circuito que la falla: regresa el reporte, regresa la brigada, regresa el gasto.
Por eso resulta insuficiente evaluar la gestión pública a partir del volumen de obra ejecutada o del número de reportes atendidos. El indicador que importa es más sencillo: o el ciudadano deja de encontrarse con el mismo problema, o aprende, una vez más, a esquivarlo.
Hay una diferencia importante entre atender incidencias y modificar la realidad que las produce. Quizá esa diferencia explica otro dato del propio INEGI: en marzo de 2026, apenas el 32.3% de la población consideró efectivo a su gobierno municipal para resolver los problemas más importantes de su ciudad, o sea, prácticamente 7 personas de cada 10 no están contentos con la forma de gobierno en la ciudad.
Ese porcentaje dice más que cualquier informe de actividades, habla de una confianza que se desgasta cuando los problemas empiezan a normalizarse. El verdadero problema de "Cuernabaches" no es el apodo, es que después de cuatro años siga describiendo con tanta precisión la realidad de la ciudad.
* Javier Bolaños es egresado del Instituto Politécnico Nacional, con larga trayectoria en la función pública y experto en gestión hídrica.




