Bajo el volcán: Demasiado al norte
ATLATLAHUCAN, Mor., 25 de febrero de 2026.- Enclavado en los Altos de Morelos, el municipio de Atlatlahucan se transformó este martes con el estallido de su carnaval tradicional. El rito de “las negras y los tatais”, una de las joyas culturales más profundas de la entidad, congregó a miles de personas en una jornada marcada por el misticismo, la danza y la identidad dividida de sus barrios.
La celebración comenzó al atardecer, cuando la población se dividió en cuatro puntos cardinales para avanzar en cuadrillas. El destino final fue la explanada del Ex Convento de San Mateo Apóstol, donde los grupos arribaron de forma escalonada para rendir tributo al Santo Patrono.
Las primeras en aparecer fueron las “negras de pa’ abajo” y las “negras de pa’ arriba”. Se trata de hombres que, bajo el disfraz de la feminidad y portando vestidos que representan promesas vivas, realizan mandas y peticiones. Al ritmo de cantos dedicados al Señor de Tepalcingo, estas figuras recorren las calles desde las casas de los mayordomos hasta el corazón del municipio.
Uno de los momentos más simbólicos fue la llegada de los Tatais, contingente encabezado por el alcalde Agustín Toledano Amaro y su esposa. En sus brazos cargaban a Chepe y Xóchitl, muñecos de madera que simbolizan la esperanza para quienes buscan el milagro de la procreación.
Durante el recorrido, los acompañantes sembraron el camino con “semillas de la abundancia”. La tradición dicta que los asistentes deben recibirlas y guardarlas junto a un deseo ferviente. Además, la creencia popular atribuye a los Tatais capacidades proféticas: los habitantes aseguran que son capaces de predecir el sexo de los bebés al bailar frente a las mujeres embarazadas.
Mientras los rituales transcurrían frente al recinto del siglo XVI, el primer cuadro de Atlatlahucan se convirtió en un festín para el paladar. Comerciantes locales y del Estado de México ofrecieron desde botanas tradicionales hasta mariscos frescos, creando un laberinto de sabores que deleitó a las más de 2,000 almas reunidas.
Para garantizar el orden, se desplegó un operativo de seguridad integral que incluyó a:
La jornada concluyó cerca de la medianoche con la entrada triunfal de la cuadrilla de los Tatais de “pa’ abajo”, quienes anunciaron su llegada golpeando utensilios de cocina. El sonido rústico de palos y cucharas marcó el fin de una danza colectiva que reafirma la identidad de Atlatlahucan. Mientras las semillas sigan cayendo y los Tatais sigan bailando, la promesa de prosperidad para el campo y las familias de Morelos seguirá vigente.