Bajo el volcán: Demasiado al norte
Al ser un apasionado de la literatura hispanoamericana, constantemente me encuentro buscando las nuevas voces de la región. Me identifico enormemente con las letras españolas, colombianas, argentinas y, claramente; con las letras mexicanas.
Hace dos años conocí a Julián Herbert, una de las plumas más perturbadoras, potentes y versátiles de la literatura mexicana contemporánea. Herbert nació en Acapulco en 1971 pero su arraigo se encuentra en el norte del país, específicamente en Saltillo.
El escritor nacido en Guererro es un autor total debido a que domina distintos géneros como poesía, novela, cuento, ensayo, crónica e incluso la música. Su obra es un experimento fascinante donde se intersecan géneros distintos entre sí. También están presentes, la crudeza del lenguaje y la desconstrucción de la memoria.

Canción de tumba es un impactante relato autobiográfico que entrelaza la agonía de su madre, una mujer que ejerció la prostitución, en un hospital público con los recuerdos de una infancia marcada por la marginalidad y el desplazamiento por México.
La obra destaca por consolidar la autoficción en el país y descentralizar la narrativa mexicana mediante un uso asombroso del lenguaje que combina la alta cultura y el argot callejero.
A diferencia de las historias tradicionales que idealizan la maternidad, esta novela se atreve a mirar de frente el dolor, la prostitución, la enfermedad y la pobreza, haciéndolo sin victimismo ni autocompasión.
Julián Herbert demuestra que se puede encontrar una belleza deslumbrante incluso en un nosocomio o de los recuerdos más oscuros de una infancia nómada.
La novela transmite un complejo amor filial, demostrando que la escritura y el arte constituyen un refugio contra el olvido, el dolor y la tragedia.
Deben de leer Canción de Tumba si buscan un libro que los sacuda emocionalmente. Éste los confrontará con sus propios fantasmas, con el miedo a la orfandad y con la crudeza de la realidad mexicana, todo lo anterior con una prosa eléctrica que desborda inteligencia, humor negro y una honestidad implacable.
Somos los libros que leemos…