Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
Hay ciudades que se pueden recorrer en una mañana. Conocerlas, en cambio, puede tomar años, es el caso de nuestra querida Cuernavaca. Recorrer sus colonias, barrios y pueblos permite identificar sus necesidades, pero cómo pueden resolverse exige algo muy distinto: tiempo, experiencia y conocimiento profundo del territorio.
Una ciudad tiene una superficie que todos vemos y una estructura que sólo se puede ver si se mira con ojo técnico. Están las avenidas, los parques, las colonias y los mercados, pero también están las redes de agua potable, los drenajes, los sistemas de alumbrado, las rutas de transporte, la recolección de residuos, la planeación urbana y los presupuestos que sostienen o limitan cada uno de esos servicios.
Es ahí donde una ciudad deja sólo de verse y empieza a entenderse.
Con los años uno descubre que los problemas públicos casi nunca llegan solos. Una fuga termina afectando la presión del agua en otra colonia, un drenaje insuficiente provoca inundaciones donde antes no existían, una vialidad mal planeada modifica la movilidad de toda una zona. Una colonia que creció sin infraestructura básica arrastra durante décadas los costos de decisiones que nunca se tomaron.
Las ciudades funcionan como un sistema, por eso resulta tan difícil resolver un problema cuando se analiza de manera aislada. Esa es, quizá, una de las primeras lecciones que deja el servicio público: antes de ofrecer respuestas hay que entender a cabalidad las causas.
Caminar por el territorio enseña algo que difícilmente aparece en un diagnóstico cuando sólo se hace desde el escritorio. La gente habla del agua que no llega, de la calle que sigue llena de baches, de las luminarias apagadas, del caos vial o del drenaje que se desborda cuando llueve. Pero detrás de cada reclamo hay una causa que explica por qué el problema sigue ahí. Entenderla es el primer paso para poder atenderla.
Comparto la convicción que ha guiado buena parte del trabajo de la Cuarta Transformación: los problemas públicos no pueden entenderse sólo por sus consecuencias, hay que ir a las causas y eso exige algo más que voluntad; exige presencia permanente para comprender cómo funciona una ciudad y reconocer que los problemas públicos casi nunca aparecen aislados.
La cercanía no empieza cuando inicia un proceso político, empieza mucho antes, cuando el trabajo responde a una convicción y no a una coyuntura electoral. Significa conocer la historia de cada colonia, de cada pueblo y barrio, entender por qué una zona recibe agua todos los días y otra depende del tandeo, por qué una obra quedó inconclusa o por qué una decisión tomada hace décadas sigue condicionando la vida cotidiana de cientos de familias.
Ese conocimiento no se puede aparentar, es el resultado de escuchar, estudiar y permanecer en el territorio el tiempo suficiente para distinguir entre el síntoma y la causa.
También exige honestidad.
La honestidad de reconocer que no existen soluciones inmediatas para problemas acumulados durante décadas. La honestidad de explicar que algunos retos requieren coordinación entre distintos órdenes de gobierno, recursos suficientes y una planeación que trascienda los periodos administrativos. La honestidad, incluso, de decir que no todo puede resolverse al mismo tiempo, pero sí puede atenderse con prioridades claras y con una ruta definida.
Con frecuencia se piensa que la política consiste en ofrecer respuestas, yo creo que implica muchas cosas antes, como la capacidad de formular correctamente las preguntas. Porque sólo quien entiende por qué una ciudad funciona como funciona puede aspirar a mejorarla.
Cierro con la idea de que los municipios no necesitan diagnósticos improvisados electoralmente cada tres años, necesitan personas que conozcan su historia, comprendan sus problemas y sean capaces de decir la verdad sobre ellos, incluso cuando esa verdad resulte más difícil de escuchar que una promesa.
Al final, conocer un municipio no es sólo haberlo recorrido. Es haber dedicado el tiempo necesario para entenderlo.
* Javier Bolaños es egresado del Instituto Politécnico Nacional, con larga trayectoria en la función pública y experto en gestión hídrica.




