Bajo el volcán: Luna llena en las rocas
Hay momentos que definen el rumbo de una sociedad. Momentos donde el dolor de una persona se convierte en el grito que despierta conciencias y transforma políticas públicas. El caso de la "Maestra Tere" en Querétaro fue uno de esos momentos que sacudió los cimientos de cómo entendemos la justicia, los derechos humanos y la dignidad del magisterio en México.
Una maestra encarcelada por ausencias justificadas con incapacidad médica tras una cirugía. Acusaciones administrativas que escalaron a señalamientos de violencia de género sin pruebas. Una carpeta de investigación abierta por presión mediática, no por evidencias. Detención, prisión preventiva y destrucción de su reputación mientras las redes sociales celebraban su linchamiento. La presunción de inocencia —ese derecho humano fundamental consagrado en nuestra Constitución— fue masacrada por la viralidad. El debido proceso fue reemplazado por trending topics. La justicia cedió ante los algoritmos.
Cuando finalmente las autoridades educativas comprobaron que las acusaciones eran infundadas, ya era tarde: la vida profesional, emocional y personal de la Maestra Tere estaba destruida. Su libertad había sido arrebatada. Su dignidad pisoteada. Sus derechos humanos violados mientras las instituciones miraban hacia otro lado.
Este caso reveló una crisis profunda que el gremio magisterial conoce bien: docentes vulnerables ante denuncias malintencionadas amplificadas digitalmente, procesos penales iniciados por presión mediática sin pruebas sólidas, ausencia absoluta de reparación del daño. Acusaciones fabricadas, malentendidos convertidos en campañas de destrucción, maestros procesados por seguir protocolos establecidos.
Morelos respondió legislativamente con la Ley para la Protección de la Integridad y Derechos de las y los Trabajadores de la Educación en el Estado de Morelos (PROTEM), o "Ley Tere", hoy replicada en estados como San Luis Potosí, Hidalgo, Baja California y Querétaro, que enfrenta una pregunta ética fundamental: ¿cómo protegemos los derechos de 25,000 maestras y maestros sin comprometer los derechos de más de 320,000 niñas, niños y adolescentes?
Estamos ante derechos en tensión que demandan equilibrio inquebrantable. La respuesta está en el principio rector: proteger derechos docentes sin defender lo indefendible. Porque cuando se trata de derechos humanos, no hay bandos; hay personas cuya dignidad merece la misma protección institucional.
Por eso, recientemente la CDHM dio un paso histórico. Formalizamos un Convenio de Colaboración con la Sección 19 del SNTE, representada por el Profr. Joel Sánchez Vélez y el Mtro. Demetrio Rivas Corona, enmarcado en nuestra Agenda de Derechos Humanos 2025-2028. Este acuerdo es nuestro compromiso vinculante: lo que le sucedió a la Maestra Tere en Querétaro no debe ocurrir en Morelos.
Para los 25,000 docentes morelenses: vigilancia institucional de que se respete su presunción de inocencia en cada investigación, acompañamiento legal integral, protección ante linchamientos digitales que sustituyan al debido proceso, y reparación del daño cuando sean víctimas de denuncias fabricadas.
Para los más de 320,000 estudiantes: cero tolerancia institucional a cualquier forma de violencia escolar, garantía de que sus denuncias legítimas serán escuchadas sin revictimización, y entornos educativos donde el interés superior de la niñez sea principio rector inviolable.
Para toda la comunidad educativa: capacitación permanente en derechos humanos, difusión de canales institucionales de denuncia que desarticulen la justicia por redes sociales, y protocolos claros que honren tanto la dignidad docente como la protección a la niñez.
El caso de la Maestra Tere nos mostró con crudeza que cuando permitimos que la viralidad reemplace al Estado de Derecho, las víctimas se multiplican. Se destruyen carreras de maestros dedicados. Se erosiona la confianza en las instituciones. Se fractura el tejido social que sostiene nuestra convivencia. Y sobre todo, se violan derechos humanos con la complicidad del silencio institucional.
La CDHM asume el compromiso institucional de realizar una revisión profunda de la "Ley Tere" desde la perspectiva de derechos humanos, ponderando su alcance, implementación y áreas de oportunidad para garantizar que efectivamente proteja sin comprometer ningún derecho fundamental.