Tiempos Modernos: La renuncia del árbitro
En mas de treinta años de servicio público he tenido la oportunidad de conocer Cuernavaca desde realidades muy distintas. Los pueblos que la conforman, las colonias que crecieron sobre las laderas, el centro histórico, las zonas residenciales. Cada una tiene su historia y sus necesidades, pero todas forman parte de una misma ciudad.
Entre esas realidades hay una de la que considero importante hablar: la de las familias de clase media que trabajan, sostienen pequeños negocios, ejercen una profesión o viven de su jubilación. Son maestras, médicos, comerciantes, empleados y profesionistas que todos los días hacen cuentas para cubrir los gastos de su casa, pagar una colegiatura, mantener un automóvil o sacar adelante un negocio.
Durante mucho tiempo se ha querido presentar a la transformación como un proyecto dirigido exclusivamente a los sectores populares. Esa interpretación desconoce uno de los principios fundamentales de nuestro movimiento: por el bien de todos, primero los pobres.
La frase establece una prioridad que comparto plenamente, atender primero a quienes han vivido en condiciones de mayor desigualdad es una responsabilidad del Estado. Pero reconocer esa prioridad no implica desconocer las necesidades de otros sectores de la sociedad. La transformación tiene sentido precisamente porque busca ampliar derechos y mejorar las condiciones de vida de toda la población.
La clase media también enfrenta dificultades que no siempre son visibles, una enfermedad, la pérdida del empleo o el cierre de un negocio pueden comprometer en poco tiempo la estabilidad económica de una familia. Por eso es importante reconocer el alcance de las políticas de bienestar que hoy continúan bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. La pensión universal para personas adultas mayores, por ejemplo, es un derecho que beneficia a millones de familias, independientemente de su condición económica.
En Morelos, la gobernadora Margarita González Saravia encabeza esta nueva etapa de la transformación con una visión de bienestar que comprende la diversidad social y territorial de nuestro estado. Cuernavaca, por su parte, reúne muchas de esas diferencias en un mismo municipio.
Aquí conviven familias que enfrentan carencias históricas con otras que, aun teniendo mayores ingresos, comparten preocupaciones sobre el costo de la vida, la movilidad, los servicios públicos y las condiciones de los espacios que utilizan todos los días.
Para quienes habitamos Cuernavaca, buena parte de nuestra relación con la ciudad ocurre en asuntos aparentemente sencillos: el estado de las calles, el alumbrado, la limpieza de los parques, el tiempo que toma realizar un trámite o las condiciones en que funcionan los servicios públicos. Son cuestiones que influyen directamente en nuestra calidad de vida y que forman parte de las responsabilidades del ámbito municipal.
También hay exigencias que atraviesan a todos los sectores sociales. Una de ellas es la transparencia. Saber cómo se administran los recursos públicos, cuáles son las prioridades y qué resultados se obtienen interesa tanto a quienes viven en una colonia popular como a quienes habitan un fraccionamiento. La rendición de cuentas es una obligación frente a toda la ciudadanía.
Mi experiencia profesional me ha permitido conocer la relación que existe entre las distintas zonas de Cuernavaca. La movilidad, los servicios y la infraestructura requieren una visión de conjunto, porque las decisiones que se toman en una parte de la ciudad suelen tener consecuencias en otras. Las diferencias entre colonias no deberían impedirnos reconocer los problemas que compartimos.
Por eso considero importante que la discusión sobre la transformación en Cuernavaca incluya a todos sus sectores sociales. Tenemos que hablar de las necesidades de quienes todavía enfrentan las mayores carencias, pero también de las preocupaciones de las familias que trabajan para conservar la estabilidad que han conseguido.
No se trata de modificar las prioridades del movimiento ni de restar importancia a la atención de la pobreza. Se trata de comprender que una ciudad con menos desigualdad, mejores servicios y espacios públicos dignos beneficia al conjunto de sus habitantes.
Cuernavaca tiene una diversidad que debemos reconocer al pensar en su presente y en su futuro. Ninguna de sus colonias, pueblos o sectores sociales puede quedar fuera de esa conversación.
La transformación que queremos para nuestra ciudad debe tener una prioridad social clara y, al mismo tiempo, una visión capaz de comprenderla en toda su diversidad. Porque Cuernavaca es una sola ciudad y merece ser pensada en su conjunto.
*Javier Bolaños es egresado del Instituto Politécnico Nacional, con larga trayectoria en la función pública y experto en gestión hídrica.