Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
La gobernadora Margarita González Saravia fue clara el lunes: quien aspire a una candidatura en 2027 debe renunciar a más tardar a finales de mayo. No es una instrucción menor. Es un mensaje político y un blindaje preventivo. La mandataria sabe que cualquier sombra de uso de recursos públicos para posicionar a miembros de su gabinete puede convertirse en un flanco de ataque. Y en Morelos, donde la política se juega con lupa y con colmillo, ese flanco sería explotado sin piedad.
La primera en moverse fue Alejandra Flores, titular de los Medios Públicos, quien presentó su renuncia este martes sin decir explícitamente qué buscará. Pero nadie necesita traducción: irá por la presidencia municipal de Cuernavaca, la misma que ya intentó ganar en 2024. Alejandra ha sido diputada local, ha competido, ha construido presencia… pero también carga con una realidad que no se puede ignorar: Morena no ha logrado consolidar una figura competitiva en la capital, y su nombre no aparece entre los perfiles con mayor tracción ciudadana.
La pregunta es inevitable: ¿hay realmente posibilidades? No solo de ganar la alcaldía, sino incluso de obtener la candidatura. Porque Morena, aunque gobierna el estado, enfrenta en Cuernavaca un terreno históricamente adverso, fragmentado y con liderazgos locales que no se alinean fácilmente. La marca no alcanza por sí sola. Y la experiencia reciente lo confirma.
Por otro lado, la secretaria de las Mujeres, Clarissa Gómez Manrique, respondió con serenidad: se queda en el cargo, no buscará candidaturas. Su postura contrasta con el movimiento de Flores y envía otro mensaje: no todo el gabinete está en modo electoral, y no todos están dispuestos a entrar en una contienda interna que, desde ahora, se perfila competida y con espacios limitados.
La decisión de la gobernadora de fijar un plazo tiene un objetivo evidente: evitar que su administración sea acusada de operar políticamente desde adentro. Es un intento de marcar distancia entre gobierno y aspiraciones personales, algo que en Morelos pocas veces se ha hecho con claridad. Pero también es un reconocimiento implícito de que, si no se pone orden desde ahora, la dinámica interna puede desbordarse.
El punto de fondo, sin embargo, es otro: el tiempo político no siempre coincide con el tiempo electoral. Para algunos perfiles, como Alejandra Flores, renunciar temprano no garantiza competitividad. La pregunta no es si es tiempo de dejar el cargo, sino si es tiempo de construir una candidatura viable. Y ahí la respuesta es menos clara.
Porque la política no se mueve solo con voluntad. Se mueve con estructura, con alianzas, con reconocimiento social y con una lectura precisa del territorio. Y Cuernavaca, con su historia reciente, con su voto volátil y con su desconfianza hacia los proyectos improvisados, exige más que entusiasmo.
La gobernadora busca orden. Busca blindaje. Busca evitar que su administración sea arrastrada por ambiciones personales. Pero también sabe que, en Morelos, no todos los que renuncian tienen posibilidades reales de competir, y mucho menos de ganar.
La pregunta “¿es tiempo ya?” no se responde con un calendario. Se responde con realidad política. Y esa realidad, para algunos, todavía no llega.




