Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
En Morelos el miedo no se olvida: se archiva. Y cuando quiere, regresa. Lo vimos ayer, pero lo habíamos vivido antes. Hace quince años, un simple correo electrónico —sí, un correo, entonces no había redes— paralizó Cuernavaca y su zona metropolitana.
Un “toque de queda” inventado, viralizado en días, que vació las calles como si alguien hubiera bajado un switch. No hubo balaceras, no hubo comandos, no hubo nada… salvo miedo. Ese episodio marcó a toda una generación. Y ayer, con el abatimiento del Mencho, la memoria colectiva se activó como un resorte.
No hicieron falta detonaciones ni persecuciones. Si bien hubo cinco tiendas incendiadas, dos autos quemados, hechos aislados. Bastaron mensajes de WhatsApp que anunciaban un nuevo “toque de queda”, advertencias sin firma, videos viejos reciclados como si fueran de ese mismo día, y una avalancha de rumores que se movieron más rápido que cualquier patrulla. La gente no esperó confirmación: se guardó en sus casas. La tarde de ayer, las plazas se vaciaron. Porque en Morelos, cuando el rumor suena, la experiencia dice que más vale creerlo.
Las calles se vaciaron. Comercios cerraron antes de tiempo. El transporte público circuló, pero los rumores de que habían suspendido servicio no pudieron ser acallados por los mensajes de uno de sus líderes, quien insistía en que seguían sirviendo normalmente. Y aunque sí habrá clases en educación básica según comunicado nocturno de la Secretaríá de Educación, dos instituciones tomaron decisiones drásticas:
Las instituciones superiores lo hicieron por una razón simple: la percepción de riesgo. No por hechos confirmados, sino por la fuerza del miedo. Y me temo que un buen número de alumnos de básica, no acudirán, no vaya ser que sí pase algo.
Lo que vivimos no fue un episodio aislado. Fue la demostración de que en Morelos existe un ecosistema del miedo, un sistema operativo que se activa con una facilidad pasmosa. Funciona así:
Y todo esto sucede sin que una sola bala caiga en Cuernavaca.
El abatimiento del Mencho ocurrió a cientos de kilómetros, pero el miedo llegó aquí primero. Eso dice mucho del país que somos: uno donde la violencia tiene efecto a distancia, donde la sombra pesa más que el cuerpo, donde el rumor tiene más autoridad que el comunicado oficial.
La pregunta no es por qué la gente tuvo miedo. La pregunta es: ¿por qué el miedo encontró un terreno tan fértil?
Porque Morelos lleva años sin un relato de seguridad creíble. Porque la violencia ha sido administrada, no enfrentada. Porque la impunidad es la regla. Porque la ciudadanía aprendió que, cuando algo pasa, está sola, ha estado sola, indefensa. Lo que hoy ha hecho este gobierno es mucho, pero todavía no alcanza para dar la suficiente seguridad. Todavía falta.
Y porque hace quince años ya vivimos un “toque de queda” inventado que paralizó a toda una ciudad. Ese recuerdo no se borra. Ayer simplemente volvió a abrir los ojos.
El miedo sólo se combate con certezas, con presencia real, con instituciones que no tiemblen, con un Estado que no llegue después del rumor, sino antes.
Mientras eso no ocurra, cualquier mensaje reenviado será suficiente para vaciar las calles, mandar a la UAEM a clases virtuales y recordarnos que, en Morelos, el miedo nunca se fue. Solo estaba esperando que alguien lo llamara.
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