Detienen al presunto feminicida de la estudiante española en Cuautla
CUERNAVACA, Mor., 19 de febrero de 2026.- A siete años del asesinato que marcó el inicio de un sexenio, arranca el proceso judicial contra el único detenido. Mientras los testigos mueren o desaparecen, la pregunta de fondo permanece intacta: ¿Quién dio la orden de callar al principal opositor de la termoeléctrica de Huexca?
La madrugada del 20 de febrero de 2019, el silencio de Amilcingo, Morelos, fue quebrado por cuatro detonaciones. Un auto negro se detuvo frente a la casa de Samir Flores Soberanes.
De acuerdo con una investigación difundida por el diario El País, tres hombres llamaron al activista con el pretexto de contratar un anuncio en su radio comunitaria. Al salir, Samir fue arrastrado a la oscuridad y ejecutado. Dos balas impactaron en su cabeza.
El asesinato no fue un hecho aislado, sino la culminación de una semana de alta tensión política. Días antes, Samir había confrontado públicamente a Hugo Eric Flores, entonces superdelegado federal, en un foro sobre el Proyecto Integral Morelos (PIM).

La respuesta oficial no se hizo esperar: el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador calificó como “radicales de izquierda” que se portaban como “conservadores” a los opositores del proyecto. Tres días después de esas palabras, Samir estaba muerto.
Desde el primer minuto, la investigación de la Fiscalía de Morelos pareció diseñada para el extravío. A pesar de que testigos identificaron el auto y dieron placas parciales, la policía no lo buscó activamente.
Se perdió una cartulina dejada por los sicarios, se rompió la cadena de custodia de un casquillo y las cámaras de seguridad se solicitaron semanas después, cuando los registros ya eran inútiles. La viuda de Samir, Liliana Velásquez, recuerda con amargura cómo los peritos llegaron a buscar pruebas meses después, cuando la escena ya había sido borrada por el tiempo.
Hoy, a siete años de su asesinato, apenas comenzará el juicio del único presunto responsable detenido, mientras que los responsables intelectuales parecen haberse salido con la suya.
Activistas compañeros de Samir Flores han llamado a las autoridades a que actúen contra Hugo Eric Flores, debido a su enfrentamiento previo; contra el entonces gobernador Cuauhtémoc Blanco, e incluso contra el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador.
Para comprender quién fue Samir Flores Soberanes, es necesario mirarlo no solo como una víctima de la violencia en México, sino como un pilar de la resistencia comunitaria, la comunicación indígena y la defensa del territorio en la región oriente de Morelos. Su figura trasciende su asesinato el 20 de febrero de 2019, convirtiéndose en un símbolo de la lucha contra el extractivismo y la imposición de proyectos industriales sobre la voluntad de los pueblos.
Samir Flores nació y vivió en Amilcingo, un pueblo de origen nahua en el municipio de Temoac, Morelos. No era un activista externo; era un campesino, herrero y padre de cuatro hijos profundamente integrado en la vida cotidiana de su comunidad.

Desde joven, mostró una inclinación por la organización social inspirada en el legado zapatista de la región (Morelos es la cuna del Ejército Libertador del Sur). Samir entendía que la defensa de la tierra era, en última instancia, la defensa de la vida y de la identidad de los pueblos originarios.
Uno de los pilares fundamentales de su labor fue la creación de la Radio Comunitaria Amiltzinko 107.7 FM. Samir entendía que los medios de comunicación convencionales rara vez daban voz a las preocupaciones de los campesinos y pueblos indígenas.
La radio servía para convocar asambleas, dar avisos comunitarios, difundir la música local y, sobre todo, para informar sobre los impactos ambientales de los megaproyectos.
A través de su programa matutino, Samir analizaba la realidad política con un lenguaje sencillo y directo, logrando que la comunidad comprendiera conceptos complejos de derecho agrario y ambiental.
Samir fue uno de los fundadores y principales líderes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua (FPDTA) de Morelos, Puebla y Tlaxcala. Su lucha se centró en la oposición al Proyecto Integral Morelos (PIM), una megainfraestructura que incluía:
Samir no se oponía al progreso por ideología, sino por supervivencia. Argumentaba que el proyecto contaminaría el aire, agotaría el agua de riego de los ejidatarios y pondría en riesgo a las comunidades por la actividad volcánica del Popocatépetl.

Samir Flores fue una figura incómoda para tres administraciones federales (Calderón, Peña Nieto y López Obrador) y estatales (Graco Ramírez y Cuauhtémoc Blanco).
La decepción política: Durante años, el movimiento contra la termoeléctrica fue apoyado por figuras de la izquierda mexicana. Sin embargo, al llegar al poder en 2018, la administración de Andrés Manuel López Obrador decidió continuar con el PIM.
El último debate: El 11 de febrero de 2019 (nueve días antes de su muerte), Samir confrontó a Hugo Eric Flores (entonces superdelegado federal) en un foro en Jonacatepec, desmintiendo con datos técnicos la viabilidad y supuestos beneficios del proyecto.
La estigmatización: Tras ese foro, los opositores al PIM fueron calificados desde la tribuna presidencial como "radicales de izquierda conservadores". Activistas sostienen que este discurso de estigmatización creó el entorno de vulnerabilidad que facilitó su asesinato.
El asesinato de Samir Flores marcó un punto de quiebre en la relación entre los movimientos sociales y el gobierno de la Cuarta Transformación. Su muerte no detuvo el movimiento; por el contrario, lo internacionalizó.
Símbolo de resistencia: Su frase "La tierra no se vende, se ama y se defiende" se convirtió en el lema de colectivos en todo el país.
La justicia pendiente: A siete años de su muerte, la falta de una investigación profunda sobre los autores intelectuales (más allá de los sicarios materiales) mantiene su nombre en la agenda de derechos humanos a nivel global.

Identidad educativa: En su honor, se han fundado escuelas de agricultura y espacios culturales que llevan su nombre, buscando formar nuevas generaciones bajo sus principios de autonomía y defensa comunitaria.
En resumen: Samir Flores Soberanes fue un puente entre el conocimiento tradicional campesino y la comunicación moderna; un líder que no buscaba cargos públicos, sino la preservación de los recursos naturales para las generaciones futuras de Morelos.