Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
En las ciencias sociales, la diferencia entre reflexión y reflexividad representa una transformación profunda en la manera de concebir la producción del conocimiento. Mientras que la reflexión remite al ejercicio intelectual de pensar críticamente sobre algo (como puede ser la experiencia de investigación), la reflexividad consiste en reconocer que quien investiga no es un observador externo y neutral, sino un actor situado que participa activamente en la construcción de aquello que investiga.
Durante buena parte del siglo XX, al igual que otros métodos científicos, la etnografía clásica se sostuvo sobre el ideal de objetividad. El/la etnógrafo(a) se presentaba como un profesional capaz de describir culturas “desde fuera”, como si su presencia no modificaralo que observaba. Sin embargo, las críticas desarrolladas por corrientes interpretativas –como fue el caso de Geertz y Bourdieu– revelaron que toda descripción etnográfica está mediada por la posición social, cultural y política del investigador(a).
Tras estos señalamientos, la reflexividad empezó a ganar terreno. No se trata solo de “pensar sobre sí mismo(a)”, sino de analizar cómo factores como el género, el nivel socioeconómico, el nivel educativo, la ideología o incluso las emociones influyen endiversos momentos de la investigación: en la curiosidad por investigar algo, en el acceso al campo, en las relaciones con las personas participantes y en las conclusiones de investigación. Así, la reflexividad es una herramienta metodológica que obliga al investigador(a) a reconocer que el conocimiento social siempre es producido desde una ubicación particular.
Desde mi experiencia en investigación, este giro reflexivo representa uno de los aportes más valiosos de la etnografía contemporánea y que luego, otras aproximaciones metodológicas han tenido a bien tomar prestado. La reflexividad no reduce el rigor científico, por el contrario, fortalece la investigación porque explicita las condiciones bajo las cuales se produce el conocimiento. Y eso no es asunto menor. Especificar desde dóndese investiga no es un accesorio ni una confesión personal: forma parte del rigor científico (que, por cierto, las ciencias “duras” acostumbran obviar). En disciplinas como las ciencias sociales –históricamente cuestionadas en función de criterios como la objetividad o legitimidad científica– explicitar estas condiciones resulta fundamental para transparentar los procesos de producción del conocimiento y someterlos a discusión crítica.
Un(a) investigador(a) que reconoce sus sesgos, limitaciones y relaciones de poder ofrece un trabajo metodológicamente más completo que aquel que se asume desde la neutralidad. La reflexividad, en este sentido, no reemplaza el rigor científico, sino que redefine sus criterios: no se trata de fingir una objetividad imposible, sino de producir conocimiento de manera consciente, argumentada y verificable en sus condiciones de elaboración. Por ello, la reflexividad va mucho más allá del acto de pensar críticamente sobre algo; consiste en analizar el propio rol que se desempeña en la producción de conocimiento, es un ejercicio constante de toma de consciencia. En pocas palabras, la reflexividad es un acto de honestidad.
No obstante, y hay que decirlo, sin un adecuado seguimiento, la reflexividad corre el riesgo de convertirse en un ejercicio excesivamente autorreferencial. En ciertos trabajos etnográficos, la experiencia personal de quien investiga termina ocupando más espacio que las voces de las(os) participantes o, para el caso de la autoetnografía, se antepone al análisis del fenómeno estudiado. En este escenario, la reflexividad pierde su función y se transforma en protagonismo académico. El desafío es, como siempre, el equilibrio: reconocer la presencia del investigador(a) sin que se convierta en el centro.
La diferencia entre reflexión y reflexividad marca el tránsito de la ciencia social centrada únicamente en el objeto de estudio hacia la capacidad de interrogar las condiciones de producción de su propio conocimiento. La reflexividad no elimina la subjetividad –ni le interesa hacerlo–, solo la visibiliza, la discute y la hace metodológicamente responsable. La reflexividad es también una actitud ética que permite transparentar la producción del conocimiento. La reflexividad es una habilidad que se desarrolla con el tiempo y con la práctica constante.




