¿Desaparición de Morena?
Una Nación sin elecciones libres es una Nación sin voz, sin ojos y sin brazos.
-Octavio Paz
LA REFORMA DEL ESTADO
Consciente de que nuestro Sistema, fincado en un presidencialismo omnipotente, caprichoso, todo poderoso (como el régimen autoritario de Venezuela – Ojo, sr. López ) está acabado, no tiene futuro, difícilmente sobrevivirá al 2018 cuando, al calor de la disputa inescrupulosa, la guerra sucia entre partidos y pseudo políticos ávidos, deseosos de mantener sus privilegios, prebendas y recursos, puedan ocurrir eventos del mayor riesgo para la Nación.
Y mientras tanto, pendiente de esta realidad, todo mundo habla de la necesidad de un cambio, de transformaciones fundamentales para México, por lo que cabría preguntarnos… ¿Cuáles podrían ser, en qué podrían consistir estos cambios?
Ya en 1995, Porfirio Muñoz Ledo propuso la Reforma del Estado dividida en cuatro grandes capítulos: Reforma electoral, Reforma de los poderes públicos, Reforma para el federalismo y Reforma para la Comunicación Social y la Participación ciudadana.
Esta iniciativa dio pié para que el candidato de la alternancia, Vicente Fox, se comprometiera en campaña a lo que se denominó “La Refundación de la República”. Sin embargo, una vez en el poder el Sr. Fox, frívolo y poco serio como es, alucinado por la omnipotencia, la enormidad del poder presidencial, olvidó su compromiso para emprender una Reforma cabal del Estado, hizo a un lado a Muñoz ledo y archivó la propuesta inteligente y visionaria elaborada por éste y por un distinguido equipo de estudiosos y eruditos en la materia, para dedicarse a ejercer el poder en los términos más tradicionales del presidencialismo priísta.
Los partidos, por su parte, tampoco hicieron aportaciones significativas en torno a esta propuesta de Reforma del Estado. Todo quedó en el olvido.
Más recientemente, el brillante jurista de connotada trayectoria académica y amplia experiencia política y administrativa, Dr. Diego Valadés, propuso como medio de control del Ejecutivo Federal la formación de un Gobierno de Gabinete surgido del Poder Legislativo.
Previa la reforma constitucional transitoria para su concreción, la propuesta, además de generar un contrapeso significativo, un medio de control relevante y eficaz del Ejecutivo, podría ser el paso previo, la transición a un sistema semi parlamentario en el cual el nombramiento del gabinete y de un Jefe del mismo, llámese como se llame, sea sometido a la aprobación del Legislativo a propuesta del Ejecutivo, en el entendido de que el gabinete, su Jefe e integrantes estarían obligados a rendir cuentas también al Legislativo. Iniciativa perfectamente factible y de lo más trascendente en nuestra opinión.
Es importante subrayar que la Reforma del Estado es prioritaria, urgente. No debemos esperar para promoverla. De seguir así, estamos destinados al fracaso o al menos al estancamiento y, lo que sería más grave: al retroceso.
El Sistema, la forma de gobierno, la estructura del Estado y con él las instituciones han de ser revisadas, modificadas, actualizadas a fondo, dando paso a la participación ciudadana, la “ciudadanización” de la cosa pública que propicie la transparencia y el embate a la corrupción y su hermana gemela: la impunidad. La Innovación política, pasando por todos los niveles de autoridad y con ella la creación de nuevas formas de sana participación política y social, nada más y nada menos, es lo procedente.
Alguien propuso la creación de una Comisión en el Congreso de La Unión para este propósito. Valdría la pena considerar seriamente esta posibilidad.
El Ejecutivo podría tomar la iniciativa y con antelación a las elecciones del 2018, convocar de una buena vez a la población en su conjunto, a todos y cada uno de los mexicanos sin distingos económicos y sociales o diferencias ideológicas en el marco de un gran llamado a la conciliación, consulta y alianza de la Nación que se proponga una Reforma del Estado, en la que se recoja la opinión de todos; un consenso nacional para definir los términos, las condiciones, el contenido y los propósitos de un renovado proyecto de Nación.
Éste sería un gesto plausible de su parte, pero también una estrategia correcta en obvio de problemas que pudieran surgir para esas fechas.
La incógnita es saber si los hombres del poder, empezando por el mismo presidente Peña Nieto, tienen la sensibilidad, el talento, la visión e inteligencia para emprender una iniciativa de esta dimensión y trascendencia, o si piensan que es innecesaria, que basta con repetir lo efectuado en las últimas elecciones particularmente en el EDOMEX y en Coahuila, para salir avante; que no pasa nada y que el país puede seguir como hasta ahora. Lo que sería un grave error. La realidad es que la situación ya no admite espera.




