Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
Nearshoring: una palabra que resume, en una sola idea, la oportunidad histórica que tiene México para transformar no sólo su posición en las cadenas globales de suministro sino también la calidad del desarrollo económico que ofrece a las y los mexicanos.
En su esencia, el nearshoring es la relocalización de procesos productivos hacia mercados cercanos al punto final de consumo con el objetivo de reducir riesgos logísticos, geopolíticos y de suministro. No se trata de una moda —es la respuesta racional a la disrupción causada por la pandemia, a la creciente polarización comercial entre las potencias y a la necesidad de resiliencia en cadenas productivas que ya no toleran la fragilidad de la máxima globalización de bajo costo.
Para México, el nearshoring es una ventaja estratégica de primer orden. Nuestra proximidad con Estados Unidos, la existencia de una masa crítica de capital humano en manufactura, una red de acuerdos comerciales que facilita el acceso a mercados y la reciente estabilidad macroeconómica conforman una oferta que pocas economías emergentes pueden igualar. Esa conjunción ya se traduce en cifras: un flujo de inversión extranjera directa que en 2023 alcanzó niveles históricos, expresión de la confianza que el mundo ha puesto en nuestro país como receptor de relocalización productiva. Sin embargo, la transformación no será automática: atraer inversión es la condición necesaria, mas no suficiente para convertir el nearshoring en desarrollo sostenido.
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