Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
En la configuración del TLCAN de la década de los noventa del siglo pasado se subestimaron temas que serían abordados y cuestionados por sindicalistas y ambientalistas al interior de cada país. El énfasis puesto para eliminar barreras al comercio dejaría de lado esos temas bajo la perspectiva de que generarían distorsiones en el funcionamiento del nuevo mercado liberado y que las discrepancias y asimetrías en las regulaciones laborales y ambientales entre países favorecería a algunos actores en detrimento de otros.
Recordemos desde el lado estadounidense las fuertes presiones de los sindicatos vinculados a la industria automotriz, a la industria del transporte, a los productores agrícolas principalmente, que argumentaban que el libre comercio se convertía en una amenaza para la viabilidad y fortaleza de sus empresas y sus correspondientes fuentes de trabajo.
Estos temas, los laborales y ambientales, serían retomados con gran fuerza en la renegociación de 2020 que sustituyó al TLCAN por el TMEC teniendo como factores políticos la irrupción en su primera presidencia de Donald Trump y su narrativa de “volver a hacer grande a América” y la transición Peña Nieto-López Obrador en nuestro país. Así, aparecerían dentro del TMEC y después de múltiples negociaciones los famosos capítulos 23 y 24 referidos a las cuestiones laborales y ambientales respectivamente.
Específicamente para el capítulo 23 del TMEC se incluyeron temas que motivaron la reconfiguración de instituciones, reformas a marcos normativos y regulatorios encaminados a generar mercados laborales que responda a las exigencias e imperativos consagrados en los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y vinculados con la libertad de asociación, eliminación del trabajo forzoso, negociación colectiva, erradicación de la discriminación laboral, principalmente.
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