Científicos estudian 51 alternativas para ganar la lucha climática
CUERNAVACA, Mor., 14 de marzo de 2026.- El mundo del pensamiento contemporáneo está de luto. Fuentes cercanas a la familia y medios europeos han confirmado el fallecimiento de Jürgen Habermas, ocurrido este fin de semana a la edad de 96 años. Con su partida, se cierra el capítulo de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, dejando un vacío irreemplazable en la filosofía, la sociología y la teoría política.
Habermas, quien dedicó su vida a rescatar el proyecto de la Ilustración y la racionalidad frente a los embates del autoritarismo, se mantuvo activo hasta sus últimos meses, participando en debates globales sobre la crisis de la Unión Europea, el avance de la inteligencia artificial y el futuro de las democracias liberales.
Nacido en Düsseldorf en 1929, la infancia de Habermas estuvo marcada por el ascenso del nazismo, experiencia que forjó su obsesión académica por construir sociedades donde el diálogo sustituyera a la violencia. Fue asistente de Theodor Adorno y, aunque se distanció del pesimismo radical de sus maestros, llevó la Teoría Crítica hacia una dirección constructiva: la posibilidad de un entendimiento mutuo.

A lo largo de su carrera, recibió los galardones más prestigiosos, incluidos el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2003) y el Premio Kioto. Su voz fue fundamental para entender el concepto de "patriotismo constitucional", una idea que permitió a la Alemania de la posguerra reconciliarse con su identidad nacional a través de los valores democráticos y no de la raza o el territorio.
El aporte de Habermas a las ciencias sociales y humanas es vasto, pero su columna vertebral se puede resumir en tres grandes pilares que cambiaron la forma de investigar la realidad social:
Frente a la "razón instrumental" (aquella que solo busca la eficiencia y el control), Habermas propuso la razón comunicativa. Argumentó que el lenguaje no solo sirve para transmitir información, sino para establecer acuerdos.
En su obra Historia y crítica de la opinión pública, definió la esfera pública el espacio donde los ciudadanos deliberan sobre el bien común.
Habermas desafió el positivismo científico puro. En su obra Conocimiento e interés, explicó que toda ciencia está impulsada por un interés humano: