Bajo el volcán: Demasiado al norte
Esta semana no recomendaré un libro, hablaré de un poema que es fundamental en mi vida y procuro guiarme bajo los preceptos de éste.
La película La Odisea (2026), dirigida por Christopher Nolan ha tenido un impacto global debido a que reinventa el poema épico homérico y lo acerca a las nuevas generaciones.
La Iliada y La Odisea son textos fundamentales de la cultura universal. No se trata solamente de asignaturas escolares, son indspensables para entender el mundo. Son cantos de aventuras, preceptos filosóficos y morales, así como herramientas básicas para entender la vida, el sufrimiento y al mismo ser humano.
Es cierto que la mayoría de las personas no han leído ni La Iliada ni La Odisea. Pero éstas están completamente arraigadas en la humadidad porque abordan dilemas que no han cambiado en miles de años. Ambas obras exploran el miedo a la muerte, la pérdida, la grandeza, los anhelos y la profunda soledad.
Hace unos años descubrí el poema Ítaca del griego Constantino Cavafis nacido en Alejandría en 1863. Quedé maravillado por la hermosura del mismo, así como por la fuerza de las palabras.
Ítaca no está dirigido a Odiseo, este precioso poema nos habla a todos por igual. Nos recuerda lo importante que es el camino, la grandeza de los procesos. Vivir es lo más peligroso que tiene la vida, pero es también lo más hermoso; disfrutando de aventuras y experiencias increíbles.

A continuación, Ítaca de Constantino Cavafis.
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.
Somos los libros que leemos…
JL Hernández




