Bajo el volcán: Demasiado al norte
Hay una frase que llegó a mi vida demasiado tarde. “Tonto el que presta un libro, pero más él que lo regresa.”
Trabajé en una agencia de publicidad entre los años 2010 y 2013. Hice grandes amigos, entre ellos, el Negrito. Teníamos muchas cosas en común como nuestra gran pasión por el fútbol. Se me hizo fácil prestarle el libro Dios es redondo, éste no era un ejemplar cualquiera, se encontraba firmado por el autor, el grandísimo Juan Villoro. Lamentablemente, ese libro nunca regresó a mis manos.
Acudí por primera vez a una firma de libros en el año 2009 al Jardín Borda en la capital morelense. Juan Villoro habló del deporte más practicado del mundo y presentó Dios es redondo (Seix Barral, 2006).
Quedé maravillado por la elocuencia del escritor, así como por la dinámica de las firmas de libros. A partir de ese momento me hice asiduo de ferias literarias, firmas y tertulias. A la fecha, Villoro me ubica como el americanista de Cuernavaca, mote que me llena de orgullo.

Juan Villoro es uno de los intelectuales más polifacéticos y prolíficos del México contemporáneo. Ha borrado las fronteras entre la alta cultura y la cultura popular, logrando que el rigor literario conviva con pasiones tan mundanas como el fútbol o el rock.
Pocos autores dominan tantos géneros literarios como él. Es un cuentista excepcional, un novelista premiado, un ensayista agudo y un referente de la literatura juvenil.
Para Villoro, el fútbol no es sólo un deporte, es la única religión que no tiene ateos. En Dios es redondo, el autor chilango despliega su gran lucidez para diseccionar la pasión más irracional del orbe con la elegancia de un ensayo filosófico y la emoción de un gol de último minuto.
El hijo del filósofo Luis Villoro nos lleva de la mano por los estadios más emblemáticos, pero no para hablar de estadísticas, sino de la condición humana; el miedo al fracaso, la gloria efímera y la construcción de héroes y villanos.
A unos cuantos días del mundial que se celebrará en nuestro país, de manera compartida, este libro es perfecto para entender por qué el mundo se detiene ante un balón.
Y es que, con los pies también se sueña…
Somos los libros que leemos…