Tiempos Modernos: Claudia, primer paso para obtener justicia
¿Te ha pasado que sientes que las plataformas digitales te conocen mejor que tú misma? Esta semana di un taller presencial para platicar sobre las estructuras de poder que las dominan. Pues tenemos claro que las plataformas digitales no son (para nada) espacios neutrales, sino espacios condicionados por muchísimas reglas que los algoritmos se encargan de que se cumplan. También son espacios que guardan todo lo que hacemos y no hacemos dentro de ellas. A veces parecería que saben más de nosotras que nosotras mismas.
Cada vez que entramos a estas plataformas, publicamos algo o interactuamos con el contenido de otros, estamos generando datos que la plataforma se queda, y también vamos conociendo los límites de los algoritmos. Vamos aprendiendo que si subimos fotografías con ciertas características, los algoritmos nos las van a bloquear; o puede suceder lo contrario, que la plataforma las comparta más allá de nuestro círculo de amigos. Es como si fueran los policías de la plataforma y los humanos tuviéramos que negociar con ellos cada decisión.
Esta negociación fue la que trabajamos en el taller. Es un concepto que los autores Bonini y Treré definen como "negociación algorítmica", mismo que explica ese proceso entre el humano y el algoritmo, donde los humanos van entendiendo los límites y posibilidades de la plataforma a través de una interacción mediada por los algoritmos. Pero no lo hicimos dentro de Instagram, sino que nos reunimos en un espacio del Centro de Cultura Digital para emular todo el proceso que llevamos a cabo los humanos dentro de las plataformas.

Este proceso inició con un grupo de participantes que hablaron por el río que está sufriendo la invasión de un viaducto elevado en construcción; estos humanos-río les explicaban a humanos-activistas la situación para que después construyeran una publicación de Instagram. Las discusiones entre los humanos fueron muy interesantes, pues el objetivo era realizar una publicación que fuera muy bien evaluada por los humanos-algoritmos. Entre lo que decían, estaba si ponían en las imágenes máquinas de trascabo que evidenciaran el extractivismo que sufre el río, o qué tal escribir groserías "de las que ocupan los regios en su cotidianidad". Interesante, ¿cierto? Porque una cosa son las ideas que podemos platicar, pero ya a la hora de considerar la mediación algorítmica, es posible que nuestras decisiones se modifiquen un poco.
Les tomó aproximadamente una hora a los equipos diseñar la publicación. Tuvieron que tomar muchísimas decisiones: qué ubicación poner, si le agregaban música o no, si debía ser video y con qué duración, etc. Al final, los tres equipos hicieron un gran trabajo, pero a pesar de parecer muy buenas publicaciones, los humanos-algoritmos fueron muy duros con su evaluación final. La discusión entonces giró hacia esta conciencia sobre el interés por expresarse, pero también sobre la necesidad de considerar las reglas que impone cada plataforma. Algunos de los participantes platicaron sobre la ansiedad que sintieron al tener que pensar cada-una-de-las-decisiones que tuvieron que tomar. Otros hablaban de entender que el activismo no se debe quedar en la plataforma, sino regresar a los territorios (físicos) de lucha.

Pero en lo que todos coincidieron fue en que estos espacios y diálogos sobre luchas, sobre plataformas, sobre la cotidianidad tan compleja en la que vivimos, también estaban llenos de esperanza. No una esperanza ingenua, sino una que reconoce la realidad crítica que vivimos y que sabe que la lucha por salvar los territorios que habitamos se hace en colectivo. A veces parece que la situación climática nada más empeorará, pero estos espacios de diálogo nos permiten darnos cuenta de que cada una de esas personas es una lucecita que impide que la obscuridad llegue a nuestra realidad. Les digo que en este taller había casi cincuenta lucecitas encendidas, dispuestas a proponer ideas, acciones y a pensar juntas en soluciones. Y mientras sigamos encontrándonos así, esa luz no se apaga.




