Científicos estudian 51 alternativas para ganar la lucha climática
Si pudieras viajar al pasado, ¿a dónde irías?
Yo, a Tenochtitlan.
En este espacio hemos platicado varias veces sobre la IA: cómo se ha utilizado para desinformar, pero también cómo la han usado para que animalitos en zonas de riesgo climático alcen su voz. La semana pasada vi en TikTok unos videos hechos con IA donde se recreaban momentos cotidianos dentro de Tenochtitlan. Me quedé viéndolos tantas veces que creo que hasta mi algoritmo se preocupó. Más que creer en esa animación como una representación fiel de la cotidianidad de los mexicas, me preguntaba quién fue el humano que los creó, cuál fue el prompt que escribió y qué tanto evaluó lo que ahí aparecía.
Todo lo que sabemos de Tenochtitlan lo sabemos por los escritos que quedan, por los vestigios que estudian los arqueólogos y por las reconstrucciones de los historiadores. Pero nadie ha viajado en el tiempo. Pienso que para crear esas representaciones con IA se requeriría de muchos humanos detrás del prompt: historiadores, arqueólogos, antropólogos. Todos opinarían, pedirían agregar detalles, revisarían el resultado final y, muy probablemente, no estarían de acuerdo.
Luego pensé en lo que decía Walter Benjamin: que el ojo reemplazó a la mano cuando aprendimos a reproducir en serie las obras de arte. Ya no era necesario ir al Vaticano para apreciar los frescos de la Capilla Sixtina; ahora los puedes ver en Internet o tener un extracto impreso en la taza donde tomas tu café por las mañanas. Hoy, estamos regresando a la escritura (en computadora) para construir prompts que nos ayuden a generar textos e imágenes.
Sin embargo, estas redacciones a manera de instrucciones son distintas a las descripciones de Madame Calderón de la Barca o de Bernal Díaz del Castillo. La manera en la que escribimos un prompt no tiene los detalles ni la ambientación a la que logran trasladarte estos dos autores, entre muchos otros, que se tomaron el tiempo para poner por escrito lo que vivían en lo que hoy es la Ciudad de México. Además, aun cuando varios investigadores especializados en la historia de Tenochtitlan redacten el prompt, falta la interpretación que haga la IA de esa instrucción. Estas plataformas generativas tampoco visitaron Tenochtitlan antes de 1521, por lo que dependen de lo que se les ha alimentado para entender qué es "Tenochtitlan" y diferenciarlo de "la Ciudad de México"; o que una cosa son los aztecas y otra la cultura mexica que floreció en ese pequeño pedazo de tierra al centro de un gran lago, rodeado por otros pueblos como Tlatelolco y Azcapotzalco.
Sin duda, ver esos videos realizados con IA puede resultar muy atractivo visualmente, pero ¿cuál es su trasfondo? ¿Nos están informando correctamente? ¿Cuáles son los sesgos, tanto humanos como algorítmicos?
Si a ustedes, como a mí, les gusta viajar en el tiempo y conocer la historia de nuestro territorio, los invito a leer a quienes sí estuvieron ahí: personas que se tomaron el tiempo de poner por escrito lo que vivían, con los detalles y la ambientación que ningún prompt ha logrado replicar.
Mientras la IA sigue aprendiendo a imaginar Tenochtitlan, nosotros podemos seguir leyéndola.
Aprovechando que esta es Semana Santa, les dejo dos recomendaciones sobre estas celebraciones durante la época virreinal y en el México recién independizado.
Capítulo sobre Fiestas religiosas en "Teatro Maravillas: La vida en la Ciudad de México durante la época virreinal", de Martha Fernández.
Carta XIV de "La vida en México durante una residencia de dos años en ese país", de Madame Calderón de la Barca.